Diario de León
Publicado por
JULIA NAVARRO
León

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AZNAR ha iniciado el curso designando sucesor, anunciando cambios en su gobierno, remodelando el partido, en definitiva haciendo suya la iniciativa política lo cual es importante porque en este mes de septiembre comienzan varias carreras electorales, o sea que estamos en pre campaña a nivel general, y en campaña en algunas comunidades autónomas. Si meses atrás el PSOE parecía que tenía todas las papeletas para ganar, ahora la percepción en la calle es otra. Bien es verdad que en la carrera electoral puede pasar de todo, y ahora a Mariano Rajoy le toca protagonizar el papel de candidato frente a un José Luis Rodríguez Zapatero que vuelve potente de las vacaciones y convencido de que la última palabra no está dicha, la dirán los electores en marzo. Pero qué quieren, el clima general es el que es, y Zapatero y su equipo tendrán que hacer un esfuerzo considerable para convencer a los ciudadanos que la suya es la mejor opción. El problema que tiene Zapatero es que los ciudadanos perciben al PP como un partido sólido, fuerte, sin fisuras, y con un liderazgo claro e indiscutido, hasta ahora el de Aznar, ahora el de Mariano Rajoy. Y es que la derecha es así, con las cosas de comer no juega,y sabe que los ciudadanos no perdonan las diletancias ni las fisuras. Frente al monolitismo popular, el PSOE aparece como un partido menos sólido porque los ciudadanos, a pesar de que valoran positivamente a Zapatero no le terminan de ver ni a él ni a su equipo con la consistencia necesaria para gobernar. Contra esa imagen deberán combatir Zapatero y los miembros de su ejecutiva. De la misma manera que los ciudadanos no terminan de entender por qué todo el PSOE tiene que ir al arrastre de Maragall. Los barones socialistas han tenido que acompasar el paso al de Maragall, para no ofrecer una imagen de partido cuarteado en reinos de taifas con discursos distintos sobre el modelo de Estado. En realidad José Bono, Rodríguez Ibarra y Simancas lo dijeron en Santillana del Mar: los ciudadanos tienen otras prioridades otras preocupaciones. Pero Zapatero no quiere fisuras con Pascual Maragall, de manera que ha querido que la cumbre autonómica sirva para convencer a la sociedad de que en el PSOE todos piensan igual, y tal empeño lo ha librado a una foto de familia. Me parece a mi que Rodríguez Zapatero vive en una burbuja donde son muchos los que le jalean y pocos los que le transmiten la realidad. Una burbuja en la que se ha acomodado, como suelen hacer los líderes,confundiendo el aplauso de los próximos,y el afecto de los ciudadanos en un restaurante o en un mitin, con la realidad. Y la realidad es que Zapatero y los suyos van a tener que dar el do de pecho para recuperar la iniciativa pdadanos de que España necesita un cambio. El problema es que la derecha no duda y vota lo que le pongan delante, y la izquierda no, la izquierda se distancia y se desmoviliza cuando lo que tiene enfrente no le termina de hacer el peso o simplemente sufre una decepción. Madrid y Marbella son dos espinas clavadas en el corazón de las gentes de izquierda. A Rodríguez Zapatero y su equipo les va a costar sacarlas.

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