EN EL FILO
La oferta de Zapatero
HAY EVIDENTE preocupación, en medios políticos porque el PSOE, a medio año de las elecciones generales, no responde mínimamente a las expectativas y a lo que cabe esperar del primer gran partido de la oposición y aspirante a suceder al partido gobernante. El reproche más permanente es de falta de liderazgo y de dirección. La más reciente iniciativa, anunciada con gran solemnidad por José Luis Rodríguez Zapatero, ha dejado a todos perplejos y atónitos: el gran líder propone a su adversario en las elecciones de marzo que se reúnan para dar por terminado el aznarismo y la correspondiente crispación que ha traído y aun conserva consigo. Naturalmente, la propuesta de Zapatero ha merecido el rechazo inmediato de los portavoces populares, Ana Mato y Zaplana, la primera desde el partido y el segundo desde el gobierno, ambos en el ejercicio recientemente estrenado de su tarea de portavoces. Y cabe suponer que Rajoy, por mucha amistad y buena relación personal que pueda tener con Rajoy, le podría responder también con cajas destempladas. ¿A quién se le ocurre idea tan brillante, y quién puede suponer que en el PP de Rajoy den por buena una iniciativa que situaría a Aznar como impresentable autócrata? ¿Cómo cabe imaginar que Mariano Rajoy, que está mostrando su gratitud a Aznar en cada instante, se pudiera revolver contra los modos y maneras de actuar de quien acaba de designarle sucesor a título de secretario general en el partido y de candidato a la presidencia del Gobierno? El contenido de la propuesta de Rodríguez Zapatero tiene un componente de reto: si se atreve, si de verdad quiere manifestar que empieza una etapa política nueva, de mayor diálogo, de menos crispación, de actitudes más racionales y menos despreciativas y prepotentes que las de José María Aznar, hágalo ver, viene a decirle la dirección del PSOE al nuevo máximo dirigente del PP. No es improbable que Rajoy, en efecto, en algún momento tenga que romper con el aznarismo que deja muchas de esas características de prepotencia, desprecio a los demás, falta de diálogo elemental... Pero tendrá que pasar algún tiempo, y deberá, sobre todo, confirmarse y consolidarse previamente en el poder que todavía está empezando a conocer en sus dimensiones y atribuciones reales. Tal vez algún día llegará. De momento sería del todo incomprensible que Rajoy pudiera protagonizar un acto de ruptura con quien lo acaba de designar a dedo y porque sí.