EL RINCÓN
La salud es lo segundo
LO PRIMERO es intentar pasarlo bien sin hacerle daño a nadie durante nuestra breve estancia en la destartalada fonda que es este mundo, según Omar Kayyan, que nunca esperó encontrar alojamiento después de su muerte. La salud es importantísima, por supuesto, ya que de ella depende, en un altísimo porcentaje, eso que llamamos felicidad. Ahora se está vinculando de un modo exagerado a la extrema delgadez, pero en mi larga vida he conocido a muchos gordos longevos. Así como las criaturas esqueléticas han sido siempre las mismas, ya que se han reclutado en los países más pobres, que también han venido siendo siempre los mismos, las personas con un sobrepeso ostensible a primera vista, y sobre todo a la altura del segundo plato, han ido variando. En las naciones desarrolladas se buscan culpables de la obesidad, sin tener en cuenta que son más gratas las sobremesas con un gordo que se enciende un puro y distingue de licores, que con un tipo escueto que siempre dice que debe estar reunido antes de las cuatro media y se ausenta bruscamente. El primer culpable que se ha encontrado de los kilos sobrantes ha sido eso que llamamos alimentación rápida, siempre más veloz que agradable. Ahora se acaba de desestimar una querella que acusaba a Mc Donald's de propiciar la obesidad. Quizás los que ingieren hamburguesas en vez de solomillos en su punto, o sea, con una única gota de sangre en el centro, tengan en cuenta factores económicos. Para exhibir una airosa silueta recomiendan levantarse de la mesa antes de haberse saciado, cuando aún se tiene apetito, pero hay un consejo mejor: no sentarse a la mesa. Se ha comprobado estadísticamente que en los campos de concentración había pocos prisioneros gordos y eso nos ha hecho pensar que todo consiste en la comida. No es así. Hay quien engorda incluso con el consomé de perejil que sirven en la clínicas de adelgazamiento. Quizá la gordura, como la felicidad posible, sea algo que no dependa sólo de factores externos.