SIETE DÍAS
Es recomendable pensar
PARA los más pragmáticos, la política es ante todo gestión, utilización de recursos públicos con el fin de prestar servicios a los ciudadanos. Pero la política también son símbolos, porque son precisamente los símbolos los que cohesionan las sociedades, con frecuencia más allá de las cuestiones estrictamente materiales. La visita protocolaria que el alcalde de León, Francisco Fernández, realizó al presidente de la Junta en Valladolid, Juan Vicente Herrera, ha tenido esta doble virtualidad. Ambos políticos hablaron de proyectos, de presupuestos y ladrillos, pero también de algo más intangible y no menos importante, el papel que ha de desempeñar León en el concierto comunitario, porque si bien a León nominalmente se le reserva el cincuenta por ciento del protagonismo en la definición estatutaria de la Autonomía, Castilla y León, la realidad es que el equilibrio que demanda la conjunción «y» no se cumple. Este y no otro es el trasfondo de la polémica suscitada por la creación de la Fundación Villalar, asunto que más allá de estas connotaciones no dejaría de resultar baladí. Ese es el motivo también porque el que Fernández pidió mayor «peso» de León. La falta de identidad autonómica explica el hecho de que todos los partidos políticos hayan coincidido en el rechazo a la Fundación. Recordemos que el PP y el PSOE provinciales rompieron con el criterio oficial (unánime en el resto de Castilla y León) y se sumaron a la tesis defendida por la UPL. La Fundación Villalar es una iniciativa auspiciada por la Junta que surge con la pretensión de crear un sentimiento de comunidad que en Castilla y León todavía no existe, cumplidos ya los 20 años desde la aprobación del Estatuto de Autonomía. No han faltado voces que argumentan que el PP y el PSOE se han visto sorprendidos por la moción lógica y avispada de la UPL, presentada tanto en la Diputación como en el Ayuntamiento. Ante la obligación de un pronunciamiento claro, porque la votación era exigida, socialistas y populares optaron por sumarse a la posición leonesista, en la sospecha de que el voto en contra o la abstención podría acarrearles fatales consecuencias electorales. Pero esa lectura resulta excesivamente simplista. La realidad es que dirigentes provinciales del PP y del PSOE reconocen en privado que se está produciendo un desequilibrio creciente entre León y Valladolid debido al acaparamiento de cargos e instituciones por parte de la capital castellana. El 85 por ciento de los altos cargos son de Valladolid y esta ciudad alberga 6.500 empleados públicos en servicios centrales, lo que a su vez repercute favorablemente en el crecimiento de los servicios y en la instalación de industrias en la provincia vallisoletana. Prohombres del PP siguen recordando como un mal paso, pero esclarecedor, la metedura de pata del hasta hace poco responsable de la política de desarrollo industrial de Castilla y León, quien tuvo la osadía de invitar a las mejores empresas de León (y de otras provincias) a instalarse en el parque vallisoletano de Boecillo, del que paradójicamente también era responsable. No ha venido el consejero de Agricultura precisamente a enmendar la situación, ya que ha ofrecido precisamente el alto contingente de empleados públicos que existen en Valladolid como el argumento más sólido para justificar la instalación allí del Instituto Tecnológico Agrario. Un consejero leonés, que sin duda lleva a nuestra provincia en la cabeza y en el corazón, trataba de rebatir estas circunstancias y recordaba a quien suscribe que León está cambiando, que ahí están las obras terminadas y otras en curso que permitirán que esta tierra recupere la relevancia que como cruce natural de caminos tuvo históricamente, situación geográfica envidiable que perdió posibilidades de desarrollo por el olvido incontestable de la etapa socialista. Y no le falta razón al consejero, pero ahí está la segunda reflexión necesaria: no todo son ladrillos y asfalto. Con esta radiografía de fondo, se produjo el encuentro entre Fernández y Herrera. Una foto histórica para un encuentro que el regidor leonés califico de cordial y positivo y que, en las direcciones del preámbulo, cabe diseccionar de esta forma: Respaldo de la Junta a la creación del Palacio de congresos en la azucarera de Santa Elvira y apoyo ante el Ministerio de Fomento para dar un mayor impulso a las infraestructuras ya comprometidas y en algunos casos en fase de ejecución avanzada. Menos claridad ha existido en torno a la demanda del alcalde de crear un parque tecnológico en León al margen del polígono empresarial. La Junta cree que el parque empresarial puede ser al mismo tiempo tecnológico. Lo que se ha echado en falta es la ausencia de fechas que fijen y cifren todos estos compromisos, sobre todo en lo que se refiere al Palacio de Congresos. Y es que detrás está la sospecha de una hipotética falta de entusiasmo, por decirlo en términos de suavidad diplomática, el temor a que la Junta bloquee los proyectos que puedan dar alas a la coalición municipal de leonesistas y socialistas, algo que ha ocurrido cuando los signos de los gobiernos de la Comunidad y del Ayuntamiento eras diferentes, invertidos. Juan Morano sabe mucho de esto y sin duda aún recordará aquella etapa en la que el único correo que se recibía de la Junta en el Ayuntamiento lo constituían las requisitorias demandando una póliza o una nueva firma para dar respuesta a la subvención pedida. Maniobras dilatorias y recortes drásticos de algunos proyectos, como ocurrió con la construcción del matadero. El recuerdo de entonces, una cierta mala conciencia y algunas prácticas actuales, tal vez sean causa de los últimos recelos. La otra pata del encuentro. La política El alcalde le recriminó a Herrera haber suscitado la polémica de Villalar. En opinión de Fernández se han hecho mal las cosas. Como no se tuvieron en cuenta todas las aristas cortantes posibles (rizar el rizo para que la exaltación de la Comunidad satisfaga también a León) , aconsejó el alcalde al presidente que pensara más. «Hay que pensar más las cosas», le dijo con esa cara de no romper un plato que le caracteriza. Claro que Herrera le podría haber recriminado lo mismo a Fernández, de quien se recuerdan dos sonadas propuestas también lanzadas sin sólidos argumentos. Paralizar la ampliación del aeropuerto y construir uno nuevo, porque el actual no tiene posibilidades de crecimiento, y la apuesta por convertir Pallares en un centro cibernético en sustitución del proyectado Museo Provincial. En ambos casos Fernández buscaba fundamentalmente la provocación, sacar a León del letargo en el que se encuentra, remover las conciencias. Al Gobierno le lanzaba un reto: «O cumplen el compromiso del Museo o déjenme el local, que yo sí sé que se puede hacer con él», vendría a decir el alcalde. En el caso del aeropuerto, el objetivo lo situaba en el largo plazo, de forma que sin destruir el presente podamos ver aterrizar aviones de gran tamaño en el futuro. Se equivocó porque cuando el alcalde lanzó las dos ideas motrices no dijo que era con la intención de crear polémica, ni tampoco explicó todos los matices de tan controvertido asunto, tanto que en ambos le salieron respondones no sólo desde las filas del PP, sino desde su propio partido. Así que experimentador en carne propia de la falta de reflexión, Fernández le recomendó a Herrera que no caiga en el mismo fallo. Pero por encima de la anécdota, sin duda lo importante ha sido el gesto. En tiempos de crispación política, se agradece contar aquí con líderes sensatos.