Diario de León

CON VIENTO FRESCO

La Fundación Villalar

Publicado por
JOSÉ ANTONIO BALBOA
León

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LA OPOSICIÓN a la Fundación Villalar por varias instituciones leonesas no es sino un signo más del grave deterioro y de los enfrentamientos internos, que viven el PP y el PSOE en nuestra provincia. Las rivalidades personales y políticas se manifestaron, como siempre, en la elaboración de las listas electorales, alcanzaron su punto álgido en la composición de la Diputación y del Consejo Comarcal, y culminan ahora con el rechazo a la mencionada Fundación, aunque esto no lo parezca. Las rivalidades entre Angel Escuredo y López Placer con López Benito y Mario Amilibia no responden a proyectos políticos diferentes sino al control del partido y las instituciones por uno u otro bando en que hoy se divide el PP provincial. La situación del PSOE, especialmente en el Bierzo, es realmente aún más insostenible, y no me refiero solo al enfrentamiento casi obsceno por el control del Consejo, sino a lo irregular de su organización, con una gestora y no con comités ordinarios durante años, con militantes expulsados que llevan al partido ante los tribunales, etcétera. Realmente no hay partidos sino grupúsculos o barones que gobiernan sus minúsculas parcelas, sin más interés que el de salir a flote en la guerra que mantienen unos contra otros para estar en las instituciones y en sus prebendas. No hay tampoco una idea compartida de comunidad, ni de provincia y, en el Bierzo, ni siquiera de comarca. Nadie quiere ceder la menor competencia, nadie tiene una visión más allá de sus propias narices. Se les llena la boca de la palabra comarca o provincia, pero sin contenido; sólo saben ocupar sus cargos. La Fundación Villalar no fracasa por la oposición de la UPL, sino por las disputas internas en el PSOE y en el PP. Este último es incapaz de hacer valer el peso de lo leonés en Valladolid. Los políticos leoneses y quienes les apoyan en los medios de comunicación, hablan de que los cargos de la Junta son en su mayoría de Valladolid. Así es probablemente, de Valladolid, de Soria o de Segovia; pero no estoy seguro que eso se deba al centralismo vallisoletano y no a la escasa relevancia de políticos leoneses como Mario Amilivia, López Benito, Angel Escuredo y cía, cuya influencia es nula para imponer personas de nuestra provincia en el gobierno regional. Son los políticos, y no el pueblo al que dicen representar, los que no quieren que exista una conciencia regional. Son ellos lo que tuvieron en sus manos hacer una ley local, que ordenase racionalmente el territorio, por ejemplo, concentrando municipios en una comunidad en que más dos millares de éstos no llegan a los 1.000 habitantes. No lo hicieron porque no quieren enfrentarse a los alcaldes, algunos de los cuales llevan en los cargos públicos casi 25 años. Y no lo quieren porque de lo que se trata es de tocar poder, aunque sea pequeño, y lo que esto significa. Se habla del centralismo vallisoletano, que debe ser cierto si tantos lo dicen, pero nadie menciona que el 20 por ciento del presupuesto de la Comunidad se invierte en León, ni tampoco se dice que, por ejemplo, a través del Miner han llegado a nuestra provincia más de 120.000 millones de pesetas. Probablemente si hubiera habido una conciencia regional, o simplemente provincial o comarcal, ese dinero se hubiera invertido en crear empleo en lugares rentables y con futuro, y no en malgastarlo en polígonos industriales en los que nadie construirá nunca una industria, o en instalaciones deportivas en pueblos que carecen de juventud y no los necesitan. El problema no es la Fundación Villalar, el problema son los políticos que sólo se miran el ombligo, que desprecian, se oponen y gritan al cielo cada vez que alguien les dice que hay realidades que se defienden mejor, no desde el localismo interesado, sino desde perspectivas más globales. Por eso, no por razones históricos o folklóricas son necesarias instituciones de este tipo, se llamen Villalar o Villalís.

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