Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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ENTRE la larga lista de razones de peso que podría darles para que compren cada día este periódico hay una sobre la que quiero hoy escribir: Olafo el vikingo. Sí, la tira cómica de la página 58. Absolutamente genial. Es vago, misógino, egoísta, bebedor, tragón, cínico, inculto, sacártisco, cobarde¿y entrañable. Sus defectos son muchos más, pero siempre habrá que reconocerle ese don que lo salva de ser un monstruo, aunque sea por  dos o tres centímetros de nada.  A su lado, Sancho Panza es uno de los niños de Sonrisas y Lágrimas. Ni siquiera cabe autoengañarse razonando que  ya sólo hay vikingos en Estados Unidos y en los pulmones de los fumadores de Celtas. España está repletita de ellos. Sus tiras cómicas se publican en más de 1.900 periódicos de todos el mundo. Fue ideado por Dick Brown en 1972, y desde 1985 la continúa su hijo Chris. En Hispanoamérica, donde gusta mucho, se le conoce por Olafo el Amargado. En su discurso en el Día de la Mujer, de 2002, Hugo Chávez citó una ocurrencia del  personaje: «Olafo piropea a una bella joven y su escudero le recrimina:  ya eres viejo para ella. Entonces él le contesta: el de aquí fuera es viejo, pero tendrías que ver al de ahí dentro».  Y el arzobispo de Medellín, Alberto Giraldo, lo cit o como ejemplo de lo que no debe hacerse: «No podemos  sentarnos frente a Medellín como Olafo el Amargado y decir esto se acabó, todo está mal, aquí no hay nada que hacer». El vikingo nos trae información sobre la vida, sus sentencias son pequeños editoriales.  No hace falta ser un experto en genealogía para captar su parentesco con Homer Simpson, nuestro otro sarcástico preferido.  Y ambos son más humanos que Bush o Arzallus, pongamos por caso.

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