TRIBUNA
¿Qué modelo de desarrollo queremos para la Montaña Occidental?
LOS ESPAÑOLES no somos reconocidos precisamente por nuestras habilidades planificadoras, por el contrario, la improvisación y la ocurrencia están entre las más celebradas de nuestras virtudes. Esa falta de meditación sobre cuál es el futuro que se quiere construir ha hecho que en muchos ámbitos de nuestras actividades, colectivas e individuales, el resultado obtenido ha sido muy distinto del esperado y ha consumido muchos más recursos de los disponibles. Dramáticos ejemplos de esta incapacidad los encontramos, por desgracia, en el diseño de nuestras políticas públicas. Hoy, con el único objetivo de pedir cautela, quiero llamar la atención sobre el proyecto de autovía cuya construcción se está impulsando desde Villablino, que uniría esta localidad con la autopista de León a Campomanes, atravesando Laciana, los dos municipios de Babia y el de Sena de Luna. El planteamiento de esta infraestructura, tal y como se ha podido leer en este periódico, es el siguiente: se renuncia a la mejora del tramo de la carretera C-623, entre Puente Orugo y Villablino, partida ya aprobada de 10 millones de euros de los fondos Miner, a cambio de destinar ese dinero a la construcción de tres circunvalaciones en Laciana y a la redacción del proyecto de la autovía. Esta iniciativa parece contar con el apoyo de todas «las fuerzas políticas, sociales y económicas» de Laciana, pero no con el entusiasmo de las más menguadas fuerzas de Babia y Luna, a pesar de que el alcalde de Villablino se haya arrogado la representación de toda la montaña occidental. Permítaseme plantear alguna duda sobre la bondad del planteamiento propuesto, en especial, para los municipios de Babia y Luna. En primer lugar, no creo que la renuncia a la mejora del tramo mencionado de la carretera C-623 sea una buena idea, sobre todo para los pueblos de Babia, ya que es absolutamente necesario mejorar el trazado en muchos puntos y su firme, muy dañado al circular cada día cientos de camiones cargados de carbón. Esta carretera, en buenas condiciones, es imprescindible para la comunicación fluida entre las distintas localidades y la salida natural del valle hacia la autopista A-66. No es oportuna dicha renuncia a cambio de unas circunvalaciones en Laciana -que también pueden ser necesarias, pero que en nada benefician la comunicación de Babia con la autopista- y de la financiación de la redacción de un proyecto que dista mucho de ser viable a medio plazo. La carretera C-623 es insustituible para Babia y Sena de Luna pues es la única vía de comunicación que vertebra el valle y sus pueblos. Por el contrario, la autovía es, como lo son todas las autovías, una vía rápida para un gran volumen de vehículos que quieren desplazarse rápidamente entre dos puntos relativamente distantes; no sirve, pues, para el tráfico comarcal, y menos en una zona rural con tan poca población como la de la montaña occidental, de complicada orografía. En este sentido, una autovía no puede tener los accesos que tiene una carretera ordinaria, pues su alto coste y la merma de funcionalidad lo impedirían. La carretera y la autovía son, pues, dos proyectos independientes, y el último no puede fagocitar al primero. Por ello, entiendo que la renuncia a la mejora de la carretera C-623 está absolutamente injustificada. Una vez dicho esto, me pregunto si realmente se han comprobado las ventajas para la Montaña Occidental de que Villablino sea accesible por autovía. Con carácter previo, hay muchas cuestiones que responder: ¿se han hecho cálculos de cuántos minutos ahorraría un camión por autovía?; ¿y un turismo?; ¿aumentaría el tráfico por la existencia de la autovía?; ¿qué tipo de tráfico?; ¿redundaría dicho aumento en beneficio de comarca?; ¿serviría la autovía para convencer a algún empresario a instalarse en Villablino por tener ese ahorro de tiempo, que no de kilómetros? ¿qué atractivos tendría sobre los polígonos de La Magdalena o Ponferrada? Respuestas que de ser favorables deberían compensar los perjuicios que dicha infraestructura producirá en los valles que atraviesa. No esperen los hosteleros de Sena, Villafeliz, San Emiliano, Cabrillanes o Piedrafita que van a tener más clientes, pues los verán pasar a 150 por hora. Tampoco los ganaderos van a tener fácil el cruzar la autovía, pues los túneles o puentes cuestan dinero y la permeabilidad de estas obras es muy reducida. ¿Tendrían acceso todos los pueblos?; ¿por dónde iría el trazado en Rabanal, o en Villasecino?; ¿irá por encima del río en algunos tramos?; ¿qué prados atravesaría?; ¿serán adecuadamente expropiados?; ¿por dónde iría el «coche de línea»? ¿no se convertirán Babia y Luna en meras cunetas? En fin, ¿mejorará en algo la economía de Luna y Babia la existencia de una autovía que divida el valle de un extremo a otro? Tengo serias dudas de que supusiera algún beneficio, dudas que se disipan si tal obra se hace con el sacrificio de la C-623. Pero, ¿y qué pasa con Laciana? ¿Estamos seguros de que esa autovía le es beneficiosa? ¿Cuál es el modelo de desarrollo que queremos para Laciana y para la Montaña Occidental? Si unos estamos orgullosos de ser Reserva de la Biosfera y otros pretendemos ser Parque Natural, si todos queremos potenciar el turismo y mejorar la calidad de vida de los vecinos, este proyecto ¿va a contribuir a mejorar las posibilidades de desarrollo de toda la zona? Personalmente entiendo que sería más sensato mejorar sustancialmente la carretera existente -con nuevas variantes y vías de servicio-, pues una buena carretera siempre va a ser mucho más funcional para todos los pueblos y para los distintos usuarios de la zona (ganaderos, hosteleros, industriales, turistas, transportistas), que no una autovía que va a dividir en dos el valle con la única contraprestación de que se pueda llegar a Villablino tres minutos antes. ¿Compensan estos breves segundos el impacto que la obra va a infligir a todo lo largo de los valles de Luna, Babia y Laciana? ¿Se implantarán tantas empresas en el polígono industrial de Villablino que merezca la pena este sacrificio para toda la comarca? Yo no lo sé, pero antes de precipitarse, alguien debería llegar a saberlo e informar de sus conclusiones a fin de que todos los interesados lo pudieran discutir. La zona necesita un desarrollo urgente, pero dicho modelo de desarrollo debe planificarse sosegadamente, de forma integrada y participativa, respetando las singularidades y la legitimidad de todos los agentes de decisión. Sé que esta vez los que finalmente decidan sobre el futuro de la Montaña occidental leonesa van a actuar con responsabilidad y no como una pandilla de nuevos ricos que no saben qué hacer con el dinero y acaban pidiendo lo más caro, que no siempre es lo mejor