LA VELETA
La banderita ondea en el cielo nublado
EN EL país de la familia Alcántara, un puñado de prohombres con recambio de corbatillas azules y rosas, con varias mudas de calzoncillos limpios en el armario de varios domicilios fijos y teléfonos móviles con suficiente batería, afean estos días la incuria de uno de su peña que oso quedarse sentado al paso alegre de un pendón imperial en cuyo nombre sagrado se han resuelto las condenas a muerte de incontables miles de personas. «Resolver» era el eufemismo aplicado a las decisiones sobre la vida y la muerte -la muerte, más bien- que supuraban del Franco senil que, también estos días, vuelve a estar en cinta reconstituido por Els Joglars. El idiota de Buen viaje, excelencia llegaba a estas caridades en el s opor subsiguiente a la ingesta de la comunión. La película de Boadellas se abre con el estrepitoso desfile de La Castellana, mucho más lucido que en nuestra torpe actualidad. Es verdad que en tiempo de Franco no teníamos aviones Eurofighter y hoy sí, aunque están rotos. Cascos estuvo jugando al veo veo hasta que se le descuajeringaron los televisores. Ahora juega con trenecitos con el mismo interés con que Trillo juega a soldaditos y la peña entera juega a protagonista de La escopeta nacional . Los alegres compañeros juegan apasionadamente. Por eso no quieren ajuntarse con Zapatero, que juega de otra forma. Zapatero que, como nos recuerdan Els Joglars, agita el brazo derecho siguiendo el modelo escénico del generalito del Pardo. Con tantos actores entre sus simpatizantes, debería hacer algo. Los juegos siempre tienen un fondo de realidad. Lo del domingo que, ya queda dicho -era más lucido en los tiempos en que la guardia mora no estaba bajo el patrocinio de Bin Laden- era un poco el postrecillo y la figuración de acciones consistentes, de bonitas cruzadas. Para disfrutar de una cruzada, aparte de estar animados por acendradas convicciones, es necesario combinar la falta de piedad -o, como dice un ministro en ejercicio, la falta de conciencia- con un gustillo piadoso. La experiencia religiosa versión española, hecha de estampitas, prepara bien para la cursilería. Nuestro carácter nacional, azul y pardo, nos proporciona con creces la mala leche necesaria. En el cielo nublado, ondea la dichosa banderita.