Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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MIENTRAS se promulga una Ley de Extranjería que guste a todos, incluso a los extranjeros, el Gobierno intenta ponerle parches al tambor de la situación actual, que cada día hace más ruido. No hay litoral donde no lleguen, revueltos con la broza marina, unos cuantos cadáveres de gentes sin otra nacionalidad que el hambre, que querían atravesar el mar porque imaginaban que España era su tierra de promisión. Nunca los robinsones estuvieron tan acompañados. Llegan en bandadas. Las mafias se han convertido en los más eficientes «tour operator». Les cobran el trayecto, pero no les garantizan la estancia y a pesar de eso y de que las condiciones del viaje en las repletas pateras distan mucho de ser agradables, tienen un creciente éxito. Ahora no sólo llegan jóvenes dispuestos a trabajar para comer, sino mujeres embarazadas y niños. Nuestro problema es repatriar a los que huyeron de sus patrias. El Ministerio del Interior sólo ha conseguido reintegrar con sus familias a 96 menores marroquíes de los 1.600 aproximadamente que se encuentran en nuestro país. ¿Qué puede hacerse? Se equivocan los que creen que se pueden poner alambradas y murallas para que no entren los hambrientos y se equivocan también los que, para demostrar que tienen buen corazón, dicen que aquí cabe todo el mundo que quiera venir. En vista de eso, que no nos gusta ver, el Gobierno ha decidido desde ayer pagarles el viaje de regreso a los inmigrantes. Ya ha partido para el Ecuador el primer grupo de frustrados turistas que vinieron llenos de ilusión y con el estómago vacío. Nuestro sentido de la hospitalidad, que según el clásico obliga a acoger bien al huésped «por ruin que fuere», nos lleva a pasaportarles para su nación de origen y no sólo les pagamos el billete de avión: también les entregamos una bolsa de viaje con 450 euros por cada adulto. Sin duda hemos hecho números y es la solución más barata. Los problemas que se pueden arreglar con un poco de dinero no son problemas. Al eliminarlos, sólo quedan los problemas de conciencia.

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