SIETE DÍAS
¿Amor o conveniencia?
HA SORPRENDIDO, incluso dentro de los propios partidos, la apuesta de los secretarios generales de la UPL y del Partido del Bierzo, Joaquín Otero y Fernando Valcarce, por alcanzar un acuerdo encaminado a una coalición ante futuras contiendas electorales. Sepan los lectores de uno y otro lado del Manzanal que, de forma simplista pero a la vez expresiva y esclarecedora, Valladolid es a la UPL lo que León es al Partido del Bierzo y que los bercianistas han visto hasta ahora en los leonesistas a los defensores de un centralismo igual de reprobable que el que se ejerce desde la capital autonómica con respecto a la provincia. Esta circunstancia es la que lleva a algunos a considerar que ambos partidos han querido hacer de la necesidad virtud, por más que existan dudas razonables del éxito de la operación. El primero que ha expresado vacilación ha sido el presidente de los leonesistas, José María Rodríguez de Francisco, quien aunque no ha querido descalificar a Joaquín Otero, sí que ha advertido que será necesario «matizar» muchas cuestiones. De fraguarse la coalición en una lista electoral conjunta para las elecciones generales del próximo mes de marzo, quedaría desmontada la teoría de quienes piensan que la UPL no se atreverá a presentarse a los comicios. Tanto la UPL como el Partido del Bierzo obtuvieron unos malos resultados electorales en las pasadas elecciones municipales y autonómicas. El PB perdió la representación municipal en Ponferrada y la UPL registró una buena sangría de votos en la capital, perdió igualmente un procurador regional y un diputado y estuvo muy lejos de obtener los votos necesarios para formar parte de la Corporación municipal ponferradina. Por el contrario, quienes defienden la tesis de la coalición, recurren a las matemáticas en defensa de este criterio y afirman que en las elecciones generales de hace cuatro años los dos partidos localistas habrían obtenido representación parlamentaria nacional si se hubieran sumado los votos de ambas formaciones políticas en los procesos locales. La apuesta por la coalición supone el reconocimiento de que la UPL, al contrario que ocurrió hace cuatro años, cuando reinaba un optimismo sin precedentes, no tiene esperanza alguna de mejorar los resultados de entonces. Esto es sumamente grave, porque la falta de expectativa podría llevar a los leonesistas a sufrir una derrota de dimensiones hasta ahora desconocidas. Más allá de la implantación real del partido. Tal vez por eso se busca en la unión con los bercianistas el revulsivo necesario para crear entre sus propios votantes de otras ocasiones el optimismo que conjure la tentación social del voto útil. Existen una serie de elementos que permiten predecir una bajada espectacular de votos leonesistas: la tendencia ya registrada en las pasadas elecciones municipales y autonómicas, la incomprensión por parte de los ciudadanos del cambio de compañero de viaje en el Ayuntamiento de León, del PP al PSOE sin explicaciones convincentes, según ha denunciado públicamente el propio Joaquín Otero y, lo que parece ahora más importante, la presumible polarización del voto que provocará en León la candidatura de José Luis Rodríguez Zapatero a la presidencia del Gobierno. Parece lógico pensar que el ánimo por llevar a un leonés a ocupar la Moncloa movilizará a su favor a muchos leoneses, en otras circunstancias más tibios o indecisos. A su vez, esta percepción también provocará la aproximación al PP de quienes, no siendo tampoco tradicionalmente fieles a las siglas de la derecha, rechazan la posibilidad de un gobierno del PSOE o que, simplemente, sienten animadversión personal por Zapatero, que de todo hay cuando la convivencia ha sido tan estrecha. La bipolarización, por lo tanto, dejará sin votos a los partidos que a priori no tienen posibilidades de conseguir representación política. La otra opción barajada por la UPL para evitar la afrenta del mal resultado o la vergüenza que supone la cobardía de no presentar lista, ha sido la coalición entre leonesistas y socialistas. Esta ambición explicaría algunas declaraciones de Rodríguez de Francisco, quien no hace mucho dijo públicamente que la mejor elección para la provincia la representa el PSOE de Zapatero. Estas carantoñas, sin embargo, no han dado frutos. En el PSOE tienen muy claro que no pueden concurrir a las elecciones en coalición con la UPL, porque se vendería muy mal en el resto de España la imagen de un líder que aspira a gobernar el país y que en su propia casa necesita del apoyo de nacionalistas-regionalistas-localistas que aquí todos conocemos, pero que en cualquier otro lugar de España únicamente son reconocidos por una página web que con frecuencia deja pequeño el radicalismo vasco. Todas estas consideraciones podrían explicar la sorprendente propuesta del matrimonio pretendido con los bercianistas. Tendría una doble ventaja: se buscaría un revulsivo que suscite si no optimismo, sí al menos alguna inquietud que pueda trocarse en esperanza. Y en segundo lugar, también el hipotético fracaso en las urnas se repartiría entre dos, lo que siempre facilita las explicaciones cuando se intenta justificar la derrota. La proximidad de las elecciones está animando la vida política en más frentes. El PSOE de León ha retomado su discurso más reciente en favor de «redefinir» y «potenciar» la presencia leonesa en el ámbito de la comunidad autónoma. El PSOE quiere que la «y» que une a Castilla con León tenga valor de suma y no de sumisión. En consecuencia, reclama un trato «discriminatoriamente positivo» en favor de la Diputación leonesa, como organismo de contrapeso en la pujanza que representa Castilla y la capitalidad de Valladolid. El presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, estuvo hábil en el regate y pasó la patata caliente al secretario regional del PSOE, Angel Villalba, a quien pidió una propuesta concreta para su debate. Villalba, una vez más, se salió por la tangente y dijo que es preciso aumentar las competencias de las diputaciones provinciales. Pero lo dijo en general y dentro de las negociaciones en la articulación del futuro Pacto Local. Y no es eso. Lo que los socialistas de León piden es otra cosa y Villalba, que no es tonto, se ha puesto a silbar. Lugar destacado ocupó la noticia del consenso registrado en el Ayuntamiento de León, porque PP, PSOE y UPL suscribieron un acuerdo conjunto para reclamar más ayudas para la Catedral y la permanencia de la sede del Banco de España. La respuesta fue inmediata. Un portavoz de la institución bancaria replicó que la decisión del cierre se adoptó hace varios meses y que no será modificada, por más que los políticos leoneses hayan solicitado una entrevista para la próxima semana con algún directivo de la institución monetaria. No se descarta que de la reunión salga alguna declaración tibia, contemporizadora, en respuesta a una hipotética sugerencia del Gobierno para que el asunto no sea argumento de campaña electoral. Si esto ocurriera, la desautorización al portavoz del Banco no llegaría más allá del recuento de los votos en el mes de marzo. Y es que el 14-M comienza a ser la obsesión.