EL RINCÓN
El enemigo en casa
ALGUIEN ha tomado la palabra en el Foro del Espectador y, lo que es más raro, su voz se ha oído. Tres marcas dejan de patrocinar «G. H.» y «Aquí hay tomate» y distintas asociaciones de televidentes y usuarios califican ambos espacios de «telebasura». Dos profesionales egregios, Iñaki Gabilondo y Luis del Olmo, animan a combatirla. La posibilidad de que desaparezcan ciertos programas ha producido alarma entre los gourmets de la mierda. ¿Qué será de nosotros?, se preguntan. ¿A ver qué vamos a hacer ahora? Quizá llegue un momento en el que tengamos que leer algún libro. La degustación apasionada de estos productos no es una exclusiva española. En todas partes hay coprófagos. Ya se sabe que de gustos es de lo que más se ha escrito y por otra parte no es fácil impedir que la pequeña pantalla no se convierta en una gran letrina, pero algo hay que hacer. Educar a la gente es tarea lenta, pero prohibir es detestable. El Consejo Audiovisual francés ha decidido imponer, a partir del 2005, un doble control al acceso de películas pornográficas en sus televisiones y hay quien está convencido de que cualquier medida de ese cariz atenta contra la libertad. Muchas personas tenían que descubrir su manera de entretenerse. Observar la vida puede ser amargo y divertido, a partes iguales o desiguales, pero no se presta al aburrimiento. No hay por qué esperar noche tras noche las controversias de las putarazanas o los arduos debates entre los presuntos herederos de gente famosa. En lo que a mí respecta, puedo asegurar que los dioses volubles me han librado de dos cosas: el tedio y la envidia. Yo me distraigo con una mosca, entre otras cosas porque las moscas son muy entretenidas. Lo único que me aburre son esos programas de televisión que, no obstante, me parece mal suprimir por decreto. Debo mucho de mi reacia y dudosa cultura a ellos: cuando empiezan me voy a leer un libro y como duran mucho tiempo, a veces me da tiempo a acabarlo.