Diario de León
Publicado por
VICENTE PUEYO
León

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DICE el lendakari que nadie puede arrebatar a los vascos el derecho a decidir su futuro. Muy bien, pero sucede que tampoco la mitad más uno de los vascos tienen derecho a decidir el mío, el nuestro, el de todos. Detrás del supuestamente conciliador, edulcorado y melifluo mensaje de Ibarretxe hay una carga retardada de extraordinaria potencia. Ese estatuto de «libre asociación con España», de nacionalidades «distintas pero compatibles», es un monumental insulto a la inteligencia. Al estar condenado al fracaso, pues choca frontalmente con obstáculos legales insalvables, sólo sería viable por las senda de la secesión y del olímpico desprecio al marco legal que todos nos hemos dado. A la generación que hizo, que hicimos, la transición no se le puede negar capacidad para poner por delante de los intereses particulares la voluntad de entendimiento y de concordia como elementos sustanciales de la convivencia. Los resultados no han sido tan malos aunque el Estado de las autonomías sea manifiestamente mejorable y, en especial, la calidad humana y profesional de tanto politiquillo de medio pelo que se ha ido colando en los hemiciclos regionales siguiendo el rastro de unos jugosos emolumentos. La inquietud y la zozobra van, en fin, grapadas al plan de Ibarretxe porque, con irresponsabilidad que deja perplejo, vuelve a hurgar en heridas muy profundas que llevaban camino de cicatrizarse definitivamente con el apoyo de unas nuevas generaciones que ven de forma distinta la relación entre los pueblos y entre las gentes y que tienen la mente abierta a horizontes mucho menos estrechos de los que presenta esa iniciativa tan presuntamente bienintencionada. Quizá, dentro de un tiempo, cuando decanten las cosas y se relativicen los sentimientos «nacionales» -cuya exacerbación es tan estéril-, la mitad, o la mitad más uno, o las tres cuartas partes de los vascos, podrán plantear lo que quieran con normalidad y sin asombros. Hoy por hoy no es más que dinamita envuelta en celofán.

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