EL BALCÓN DEL PUEBLO
Ni victoria arrolladora, ni derrota clamorosa
ANTES de la media noche del domingo cantó el gallo electoral en Madrid. Fue un «kikirikí» tan claro como el del pasado 25-M, pero con más ronquera el 26-O. Ganó el PP por mayoría absoluta (57 escaños, dos más que en mayo), precisamente los dos que bajó el PSOE, y se mantuvo la nómina de 9 en Izquierda Unida. Esa es la frialdad de los datos. El otro apunte de luces es la participación: ascendió al 64,02%. Cinco puntos menos que en el pasado mayo, pero que ha elevado el civismo de la ciudadanía madrileña a un listón entre mágico y excepcional, de auténtica plusmarca. Han sido ellos los que han consolidado el triunfo de la democracia, a la que vejaron dos traidores sin escrúpulos: Eduardo Tamayo y Mª Teresa Sáez. Dos traidores en la lista del PSOE en mayo y anteayer liderando su propia desvergüenza con el eslogan de «Honradez Probada». Su fracaso ha sido gigantesto, con apenas media docena de miles de votos, pero sólo en apariencia. El objetivo final -impedir el gobierno de la izquierda en la Comunidad de Madrid- lo consiguieron plenamente. El resultado del 25-M fue igual de legítimo y limpio que el de anteayer. La diferencia entre ambas citas con las urnas es que una pareja de golfos, con apoyos todavía no esclarecidos, suplantaron la voluntad de los madrileños y ensuciaron como cloacas a la democracia. El Partido Popular obtuvo una apretada mayoría absoluta, con menos de un punto de ventaja sobre la suma de socialistas e IU. Los resultados pronosticados por las encuestas, sobre todo la del CIS, cocinada con esmero por Moncloa, no se cumplieron. En un análisis riguroso, hay que afirmar categóricamente: La abstención impidió la victoria del PSOE. O dicho con más precisión: que Rafael Simancas, con el aliento de IU, fuera presidente de la Comunidad de Madrid, tal y como determinaron las urnas el 25-M. Y otra evidencia: el electorado conservador es más fiel que el de la izquierda. La derecha, aunque perdió cien mil votos, miró para otro lado ante la golfada sospechosa de que Romero de Tejada era capo de la trama. El de izquierdas, sin embargo, no pudo superar los vómitos de la traición de Tejada y Sáez. Tampoco los «dies irae» que publicitan los medios gubernamentales sobre el avispero de la Federación Socialista Madrileña. Así y todo, el resultado fue muy ajustado. No se puede editorializar sobre victoria arrolladora, ni derrota clamorosa. Y mucho menos pretender lecturas para sustituir líderes o para pregonar paseos triunfales o campos llenos de cadáveres de cara a las elecciones generales de marzo del 2004. Esperanza Aguirre es hoy la nueva presidenta «in pectore» de la Comunidad de Madrid, como lo era Simancas el 25-M. Lo madrileños han invertido los mandatos. El único ejercicio que les demandan es gobernar. Las elecciones han concluido, pero no deben sellar el proceso. La investigación sobre qué pasó el 25-M y su fraude democrático han de tenerlo en el punto de mira. Lo exige la gravedad de cinco meses insufribles, en los que, una vez más, los ciudadanos han estado muy por encima de los políticos.