EN BLANCO
Rompenubes
LOS VIEJOS pecados suelen tener largas sombras, así que tacita a tacita vamos conociendo nuevos y espantosos detalles sobre el fatídico vuelo que costó la vida a 62 militares españoles en la localidad turca de Trabzon. Un viaje realizado en condiciones épicas, casi al estilo de los desplazamientos del ejército de Pancho Villa, y que terminó como el rosario de la aurora, pues al parecer algunos miembros de la tripulación festejaron las Navidades por adelantado y, por decirlo finamente, se habían bebido hasta el quitaesmalte. Como el juez nunca puede escapar de su víctima, Federico Trillo ha tenido que aparcar sus aires de amo de cortijo y ese absurdo complejo de «primero de la clase» que le caracteriza, escudándose tras el típico no sabe/no contesta cuando le preguntan sobre la coreografía del espanto padecida por nuestros militares. Hace tiempo que el gobierno no permite que pequeñas circunstancias, como por ejemplo la verdad, alteren la línea argumental de su discurso, una oda a sí mismo centrada en el consabido «todo va bien». Pero diga o deje de decir Federico Rompenubes, cariñoso apelativo con que ya se conoce al ministro Trillo a cuenta de sus muchas lagunas y contradicciones en el tema aeronáutico, lo cierto es que distintos mandos ya advirtieron antes del accidente sobre el catastrófico estado de los aviones que trasladaban a la tropa. Y por si esto fuera poco, con el ejército viajando en semejantes cafeteras con alas, el gobierno ha decidido otorgar 300 millones de euros para la reconstrucción del Irak devastado por sus aliados y en contra de la opinión mayoritaria del pueblo. De verdad, si alguien cree entender lo que está pasando en España, es que no entiende nada.