Diario de León
Fermín Bocos

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ALGUNOS especialistas en Derecho consideran que el denominado «Plan Ibarretxe» es un «ovni» jurídico. Una pieza imposible de encajar en el ordenamiento actual. En apariencia, tamaño, falta de idoneidad desde la perspectiva del respeto al Derecho, no parece lógico pensar que no haya sido advertida al mentor del citado plan segregacionista. El Gobierno Vasco cuenta con excelentes asesores juristas. Alguno, como es el caso de Javier Balza, incluso forma parte del Ejecutivo. Sin embargo, es opinión generalmente aceptada que en el ámbito del Derecho no tiene ningún encaje porque habría que modificar la Constitución y someter ese cambio a referéndum, iniciativas -una y otra- que no cuentan con respaldo político ni social fuera de los ámbitos nacionalistas que, numéricamente, son minoritarios. ¿Por qué, pese a todo, el plan ha sido presentado y está ya en órbita, gravitando sobre la vida cotidiana de los vascos creando ansiedad e intranquilidad a buena parte de la población? Pues, porque precisamente está diseñado para obtener como fruto el rechazo en nombre de las normas que rigen el Estado Democrático. Un rechazo que, después, la política partidista (PNV y EA) ya se encargará de transmutar en rédito electoral. En discurso victimista. No tiene otra finalidad. Ibarretxe sabe, como todos, que el Estado no puede ser derrotado en este envite. Pese a ello hace su política -con peligro de fractura de la convivencia entre los vascos, pero ese aspecto de la cuestión no parece preocuparle-, a sabiendas de que lo que «pierda en Madrid, lo gana en Vitoria». Es un juego inquietante, incluso perverso, pero es el juego que ha impulsado el vuelo del ovni jurídico que es el «plan Ibarretxe». Serenidad, pues, para aguantar el envite, a sabiendas de que las historias de ovnis sólo tienen cabida en los libros de literatura fantástica.

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