Diario de León
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JUAN F. PÉREZ CHENCHO
León

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FUE tal día como hoy hace un año. Lo que comenzó como una avería anunciada, se transformó en la mayor catástrofe ecológica de la historia marítima española. El viejo Prestige, arrugado por la corrosión, con sus panzas llenas de petróleo, al que no se dio refugio y medios para trasvasar su carga, al que se obligó a luchar, por decirlo en metáfora lorquiana, contra las olas del mar, acabó partiéndose en dos y vomitando su carga. La Costa da Morte de Galicia, fundamentalmente, se convirtió en una esquela. Yo vi sus lutos durante la primera semana de enero. Y las lágrimas de los gallegos, cuyos ojos y el mar se confunden. La ministra de Medio Ambiente, Elvira Rodríguez, acudió a Galicia en vísperas del aniversario de la catástrofe. Aseguró que dejarían el litoral en el mismo estado en el que estaba antes del hundimiento del Prestige. Es un principio jurídico reponer las cosas a su estado originario. A veces, sin embargo, resulta imposible. La ministra viajó de La Coruña a O Grove en helicóptero. Vio lo mismo que su colega de Defensa, Federico Trillo, cuando todavía miles de voluntarios y soldados se enfrentaban al desafío: playas con arena de oro, impolutas, aguas tan limpias como las de una noria y problema resuelto. Ya no quedan ni los «hilillos» que voceó Mariano Rajoy. «Si no supiéramos lo que pasó -dijo la ministra- pensaríamos que nos estaban contando un cuento de ciencia ficción». Habló de cifras económicas, de pagar las subvenciones antes de marzo -mes electoral-, no reconoció ningún fallo del Gobierno y se felicitó porque «hemos sacado en positivo la solidaridad». La desvergüenza ha alcanzado cotas insuperables en el aniversario de la catástrofe del Prestige. Días atrás hemos oído a un director general de la Xunta de Galicia: mejor que se hundiese en alta mar y se repartiera el fuel, que no cerca de la costa y se concentrara. Además de cínica, la disyuntiva planteada es falsa. La opción menos dañina, según los expertos, hubiera sido remolcar al buque, darle refugio en un lugar seguro de la costa para evitar el hundimiento, y trasvasar la carga a otro petrolero. Lo cierto es que durante este año el Gobierno, con el ministro esquiador Álvarez Cascos y la cúpula cazadora de la Xunta, con Fraga y Cuiña, se desentendió del problema inicial hasta convertirlo en catástrofe. El Gobierno y el ministro han continuado poniendo cortinas de humo para difuminar sus responsabilidades. Ha hecho oídos sordos a informes científicos de las universidades gallegas e interpuso a un comisionado, el leonés Rodolfo Martín Villa, para no tener que dar la cara. Evitó crear comisiones de investigación en los Parlamentos español y europeo, y la escenificada en Galicia se abrió y cerró en falso, sin que declarase ningún alto cargo. Así y todo, habrá que esperar al pronunciamiento de los tribunales. Y para colmo de todo: en el Telediario de la 1 de anteayer, en ningún momento aparecieron los voluntarios, los marineros y pescadores, mariscadoras o percebeiros, auténticos héroes que combatieron la marea negra. Todos coinciden, frente a la publicidad gubernamental, que habrá fuel para mucho tiempo, pese a que no lo difunda TVE y de las Jons.

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