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ANTONIO NÚÑEZ
León

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ERAMOS pocos y parió, con perdón, la abuela. Es lo mínimo que puede decirse de los resultados de las elecciones catalanas, por lo demás exquisitamente democráticas, que han dado la llave de la Generalitat a Esquerra Republicana, el partido de Carod Rovira, sin el cual no puedan mandar allí ni la timorata derecha de CiU ni la filigranera socialdemocracia de Maragall, eso por ponerles una etiqueta. Einstein, si viviera, diría que todo es relativo en Cataluña: el aldeanismo de Artur Mas, el socialismo de Maragall marca Casa Tarradellas, el izquierdismo que tira al monte de la coalición de comunistas y verdes -que se lo pregunten a un payés- pero no el independismo de Carod, el cual ya ha avisado que es partidario de «una Cataluña libre asociada», lo mismo que Ibarretxe en la otra esquina de los Pirineos, aunque del mismo lado. Tanto Maragall como Mas se han apresurado a chalanear con Card Rovira porque en ello les va la vida: la de Cataluña no, la suya, como profesionales de la política. Mientras tanto en Madrid Aznar y Zapatero se acusan mutuamente de haber incubado el huevo de la serpiente nacionalista. Y, hombre, en eso tienen razón por una vez los dos. Aznar en su día pactó con Pujol lo que quiso, arruinando de infraestructuras la España interior, lo mismo que había hecho antes Felipe González cuando tampoco tenía mayorías absolutas. De aquellos polvos -y de la educación nacionalista en las escuelas- vienen estos lodos: sólo hay que preguntar a los profesores que no daban clase en catalán o euskera. Volviendo a los resultados electorales, lo único que no le cuadra a mi padre es a dónde habrán ido a parar los votos de don Alejandro Lerroux, «el emperador del Paralelo», un tanto demagógico y radical, pero que sabía defender antaño con bastante dignidad la presencia charnega de castellanos, andaluces, maños y murcianos por aquellos andurriales. Seguramente es lo mismo que se pregunta Zapatero en el PSOE, aunque no Rodríguez Ibarra, que no tiene pelos en la lengua como don Alejandro. Es más ni se le ha caído el pelo de la dehesa. Y lo lleva sin complejos. Y a mucha honra.

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