Diario de León

PANORAMA FEDERICO ABASCAL

La marejada en el PSOE

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A LA ACTUALIDAD socialista le vendría como anillo al dedo el diagnóstico que formuló un día Ortega para España, es decir, que al PSOE le pasa que no sabe lo que le pasa. ¿Crisis de liderazgo? ¿Vías de comunicación cegadas con la sociedad? ¿Desconcierto ante infortunios imprevistos, como la pérdida de la Comunidad de Madrid o sus pobres resultados en las elecciones catalanas? ¿Credibilidad mutilada? El hecho es que el desplome de las expectativas del PSOE se traduce en cierto desánimo de su militancia y en las variadas teorías que sostienen algunos de sus dirigentes para descifrar el enigma de la actualidad. La actualidad ofrece un enigma recurrente en nuestra Historia: el de que en España vuelven a entrar en acción los «demonios familiares» del radicalismo nacionalista. Atribuir, sin embargo, la etiología de este fenómeno a la leyenda de nuestros demonios familiares sería un método irracional de analizar el problema. Pero un análisis del problema exige determinar sus causas, y ahí surge el conflicto entre los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, pues mientras el primero se envuelve en la ortodoxia constitucional y estatutaria, y hasta se atrinchera en ella, para culpar del asunto a los heterodoxos e, incluso, a los tibios, el segundo intentaría plegarse al terreno para suavizar y encarrilar por las vías del reformismo ortodoxo los planteamientos del separatismo potencial (Cataluña) o ya en marcha (País Vasco). Las elecciones en Cataluña han aumentado el distanciamiento entre socialistas y «populares» sobre la cohesión territorial de España, pues al desconcierto del PSOE por el desplome de sus expectativas electorales se añade la estrategia del PP y del presidente del Gobierno, decididos ambos, incluso antes de leer detenidamente los resultados que arrojaron las urnas, a culpar al líder socialista Rodríguez Zapatero y al candidato socialista derrotado, Pasqual Maragall, de agasajar el éxito del independentismo republicano. No hace remilgos el PP, y aún menos Aznar, a la hora de atacar a su adversario socialista con argumentaciones excesivamente simplistas y en ocasiones falaces, lo que en un PSOE visiblemente turbado por una actualidad que le es esquiva produce cierto oleaje de discrepancias. Y como si fuera un político novel, el presidente de Extremadura, Rodríguez Ibarra, se ha desahogado en unas declaraciones tal vez más espontáneas que meditadas, para expresar su hastío por las tergiversaciones que se hacen de sus palabras, acusando de paso a Aznar de dar más importancia a su permanente ataque a Rodríguez Zapatero que a la cohesión territorial de España. Pero Rodríguez Ibarra, al desahogarse, ha favorecido el oleaje en las aguas del PSOE, al anunciar que no sabía si hoy iba a acudir a la reunión del comité federal de su partido. Daba a entender, así, que también de su partido empezaba a hartarse. Y aunque Rodríguez Zapatero haya comprendido la reacción de su compañero, el PSOE atraviesa un momento difícil, como podría atravesarlo el PP si su candidato Rajoy se atreviera a corregir una política de Aznar que no ha evitado que se llegue en el país a esta compleja situación.

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