Diario de León
Publicado por
MARÍA JESÚS MUÑIZ
León

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LO DIGAN o no las leyes, desde luego no es un delito informático. El Código Penal que entrará en vigor el próximo año contempla la tenencia de material pornográfico infantil como un delito que hasta ahora no existía, pese a la evidencia, si cabe más clara desde ayer, de que el número de depravados se cuenta por miles de miles en todo el mundo y aumenta de manera tan incalificable como preocupante. Desde siempre la trampa ha ido por delante de la ley, pero ahora queda de manifiesto que la red permite prácticamente la impunidad en un buen número de conductas delictivas, incluso en algunas tan detestables y perseguibles como la pedofilia. Cómo si no se justifica la existencia de miles y miles de enfermos mentales y desgraciados que se pasean por Internet cambiando imágenes de violaciones a niños y bebés (hasta de menos de un año en la red supuestamente desmantelada ayer) a la vista de quien quiera comprobarlo o, lamentablemente en cantidad espeluznante, compartirlo. Los nuevos delitos telemáticos suponen un difícil reto para las autoridades, qué duda cabe; pero no puede uno dejar de preguntarse cómo es posible que sólo en una de las asociaciones de protección al menor en España se reciban cada mes mil denuncias de internautas que se tropiezan con páginas de pornografía infantil. Sólo este año esta agrupación detectó 980 comunidades de internautas pedófilos, alguna de ellas con más de 3.000 despreciables socios. Es decir, el delito está a la vista de todos, lo difícil parece ser llegar a sus raíces. Está claro que este tipo de delitos requiere un esfuerzo enorme, pero urgente, por parte de las autoridades. Queda la inquietante duda de por qué un delito tan atroz ve crecer día a día su número de seguidores en todo el mundo, también de manera escalofriante en España. Mientras tanto, únicamente cabe pedir a los internaturas que denuncien estas prácticas. Una vez más, como con otras tantas situaciones de injusticia, serán tan culpables los que hagan como los que callen.

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