Diario de León

CON VIENTO FRESCO

Una bandera para la discordia

Publicado por
JOSE A. BALBOA DE PAZ
León

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EL CONFLICTO suscitado entre la Universidad de León y la UPL, por las posturas encontradas e intransigentes en torno a que la bandera de León ondee en los pabellones de los edificios de la Universidad, se está convirtiendo en un problema de dimensiones preocupantes. De las palabras se ha pasado a los hechos, y éstos no auguran nada bueno. Quince mil alumnos y más de 1200 profesores están sufriendo sus consecuencias, al decidir el concejal de la UPL encargado de la Limpieza y Jardines, Rodríguez de Francisco, con el apoyo de los socialistas que gobiernan el Ayuntamiento, no recoger la basura. Los jardines y patios de la Universidad presentan un estado desolador, con hojas y papeles por el suelo, papeleras y contenedores llenos a rebosar, rozando el límite de la salubridad. Leo razones en pro y en contra sobre el asunto, entre ellas las de los profesores Rubio Pérez y Sosa Wagner, ambas valientes y respetables, con argumentos discutibles pero justificados. Es una pena que entre el profesorado haya tanto silencio. Con todo, bien venida sea la polémica, siempre que se respeten los cauces democráticos en la toma de decisiones. La Universidad, que es a quien compete tomarlas en su recinto, lo ha hecho en los órganos correspondientes, el Consejo de Gobierno, por treinta votos en contra frente a nueve a favor y tres en blanco. Cree éste que hay demasiadas banderas en una institución cuya única enseña debería ser la de la universalidad. La decisión será acertada o no; pero es un acuerdo democrático que, como tal, debería ser respetado. En democracia hay formas de modificar esos acuerdos: ganar las elecciones. No conozco los pormenores, pero intuyo que en esta guerra se dilucida algo más que la bandera, por ejemplo el control de la Universidad por los regionalistas -¿debería decir nacionalistas?- de la UPL. Sólo así se puede entender la personalización que este partido hace del problema, cargando sobre el rector, Angel Penas, todas las culpas, satanizándolo como fascista, en palabras del susodicho de Francisco, como si fuera éste el único que se ha opuesto a colocar la bandera y no el Consejo. Esa satanización del adversario sí que es un rasgo fascista. Parece, visto desde fuera, un conflicto en el que, al albur de la enseña, se buscara desplazar al rector en las próximas elecciones por métodos deleznables. A estas alturas, el objetivo -que ondee la bandera- es menos importante que los medios que se utilizan para conseguirlo. Pretender que en las pabellones de los diferentes edificios de la Universidad ondee el pendón de León es una cuestión menor; lo grave es el chantaje al que el concejal de la UPL pretende someter a aquélla y a sus órganos de gobierno, negándose a recoger la basura, y utilizando para ello argumentos torticeros; pues conoce bien que en 1983 la Universidad cedió al Ayuntamiento los viales y jardines; y por tanto es éste y no aquélla quien debe correr con los gastos de ese servicio. Es un chantaje inadmisible, que sólo por esa razón, la Universidad debería rechazar, y con ella todos los leoneses y las instituciones que los representan. Por desgracia no es así, y dudo mucho que en la reunión de mañana entre el rector y el alcalde se logre solucionar el problema. El secretario regional del PSOE, Ángel Villalba, habla de que se imponga la cordura, lo que está muy bien; pero el PSOE y sus representantes en el Ayuntamiento y en la Diputación, apoyan la postura maximalista de sus socios de gobierno. Si gobernar León con el apoyo de la UPL supone someterse a ese chantaje, el PSOE comete un grave error, semejante al que ya incurrió en otros tiempos en el País Vasco dando sus votos al PNV. Estos partidos hacen de cada victoria un arma para nuevas luchas y reivindicaciones, en un proceso, lo estamos viendo, que no tiene fin. Lo que importa no son las competencias logradas sino los medios como las que se consiguen, pues ellos son el símbolo de su hegemonía y poder. ¡No deberían olvidarlo!

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