Diario de León

EL BALCÓN DEL PUEBLO

Zapatero, en el centro de la diana

Publicado por
JUAN F. PÉREZ CHENCHO
León

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VOY a escribirlo otra vez, aunque sea para refrescar la memoria a los que la han perdido. Me suelta un conocido del «hola y adiós» que estoy fajándome a favor de José Luis Rodríguez Zapatero y ejerciendo como látigo del poder. Insinúa, incluso, que busco otra mejor aurora para el mañana. Estoy acostumbrado a estas simplonas y majaderas síntesis. Un periodista ha de ser siempre crítico con el poder, al que si no se aguijonea, acaba echándose a dormir en los surcos, como los bueyes, según teoría del canónigo don José Alonso, alias Zapatones. Pertenezco al grupo de «incómodos», cuyo listado elaboró antaño el controlador mediático de Aznar, Miguel Ángel Rodrígfuez, primero como portavoz de la Junta y después desde La Moncloa. Hoy ejerce como columnista en «La Razón» y obtiene campañas publicitarias millonarias, como la que le ha concedido Zaplana, del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Con dinero público se glorifican por cumplir con el aumento de las pensiones y pregonar que «para nosotros lo importante son las personas», eslóganes que luego repiten como papagayos desde Mariano Rajoy a Arenas Bocanegra o Ana Mato. Confieso que Miguel Ángel Rodríguez es un publicista mágico: lo negro es capaz de transformarlo en blanco. Aguantar la hemeroteca no es fácil. Creo que es imposible en su totalidad. Yo acepto que se escudriñe en la que he rubricado. Sospecho que los analistas encontrarán pocas críticas más severas que las mías al tiempo orgánico de Rodríguez Zapatero al frente del socialismo leonés. Fui crítico sin dejar de reconocer que era un perfecto Hamelin, un «pata negra» de la política. Cuando aspiró a la secretaría general del socialismo español, nadie, salvo un desarrapado de provincias como yo, creyó en su triunfo, y menos aún en su consolidación. Y ahora resulta que sí; ahora resulta que ese ejército mediático, que no ha escrito, dicho o publicitado ni una línea, elaborado una frase y emitido una imagen; esa brunete que no ha movido un dedo para favorecer su liderazgo; esos poderes financieros, empresariales y eclesiásticos que siempre toman el sol a la brigada del poder, descubren asombrados que sí tiene ideas y programa. Ahora resulta que sí, que Zapatero es un líder sólido y nadie cuestiona su autoridad en el PSOE. Ahora algunos se escandalizan porque el Gobierno y el PP se limitan a descalificaciones sin el mínimo rigor intelectual y crítico. Otros, no; otros no sólo callan, sino que alumbran el camino para que no tropiece el poder. En la historia democrática no se conoce una agresión semejante como la sufrida por Zapatero. Los demás no cuentan, sólo Zapatero. Una de dos: O es un rival infinitamente más sólido de lo que suponían, o realmente sienten su aliento en la nuca para desalojarlos del poder. Estos días no se vociferan los desencuentros de Gallardón y Esperanza Aguirre, de Zaplana y Camps, ni el acoso judicial al presidente de la Diputación de Castellón, Fabra, ni la resurrección del «Prestige» en las costas gallegas y francesas. El ejército mediático azul sólo ve a un Rodríguez Zapatero frágil e inmaduro que se acuna en el regazo de Maragall y quiere romper el esqueleto del Estado. Lo rotundizo sin pudor: ¡No le conocen!. Y, además, mienten.

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