Diario de León
Publicado por
ANTONIO CASADO
León

Creado:

Actualizado:

ME APROPIO del título de un editorial de El País, Los nuevos españoles, porque expresa mejor que ningún otro el desenlace del fenómeno inmigratorio, visto hace seis o siete años como un manantial de problemas y un factor desestabilizador de la España satisfecha. Tenía razón el entonces ministro de Trabajo, Manuel Pimentel, cuando, a la contra de los estados de opinión de su propio partido -evidentemente se acabó marchando-, decía que «los inmigrantes no son una plaga sino una bendición». Pues bien, después de los bandazos, las tres leyes diferentes que han salido del Parlamento, las reformas y contrarreformas, las rectificaciones, el miedo a los efectos llamada y la errática gestión de la avalancha, resulta que no era para tanto. El mismo Gobierno del PP hace, con razón, el balance positivo que nunca hizo según se iba consolidando el fenómeno. Lo cierto es que la inmigración ha rejuvenecido y ha enriquecido a la sociedad española. También en lo material. Si bien es verdad que hay 619.000 extranjeros con tarjeta sanitaria pero sin recursos económicos, lo que supone una sobrecarga en los gastos a cargo de sistema de salud pública, también lo es que las cotizaciones sociales de los inmigrantes regularizados y activos han llenado las arcas de la Seguridad Social cuando los augurios demográficos en la última década ya nos habían metido el miedo en el cuerpo ante una eventual quiebra del sistema. El fenómeno también ha puesto a prueba los valores asumidos por la sociedad española: tolerancia, solidaridad, pluralismo, etcétera, frente a contravalores como el racismo o el fundamentalismo religioso. Los desajustes son puntuales y van por barrios -nunca mejor dicho-, pero hemos de relacionarlos más con una deficiente gestión de los gobernantes que con un supuesto apagón de esos valores entre los españoles, que también han sido emigrantes y pertenecen a una de las sociedades más solidarias en el ámbito de los países del bienestar.

tracking