Diario de León

DESDE LA CORTE

A ministro que huye, puente de plata

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FERNANDO ONEGA
León

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PRIMERA baja importante en el PP: Álvarez Cascos. No se trata de un funcionario al que encomendaron tareas de gobierno. Estamos ante una de las vocaciones políticas más claras -e incluso apasionadas- de los últimos tiempos. Una vocación que termina en un momento en que coinciden dos designios del destino. En lo político, un cambio de liderazgo en su partido. En lo personal, una nueva situación amorosa que le llevó a romper su último matrimonio. ¿Cuál de las dos circunstancias ha sido más decisiva? Sólo él lo sabe. Personalmente, creo que habría que añadir otra, la más humana: Cascos entendió cerrado su ciclo político después de 25 años; que tiene nuevos alicientes en su vida y ha pensado, sencillamente, dedicarse más a sí mismo. Pero eso pertenece al ámbito de su intimidad. Políticamente, es una pérdida notable para el PP. Álvarez Cascos es un «pata negra». Dirigió el partido en momentos difíciles, cuando había que construir una fuerza coherente, en medio de una derecha personalizada y egoísta. Y lo hizo con tal mano dura, que le llamaban «General Secretario», en vez de Secretario General. Cuando dimitió de ese puesto, perdió la confianza de Aznar. El presidente nunca entendió cómo Cascos le podía crear ese problema de vacío, casi sin avisar. Pero se lo perdonó: le había prestado demasiados servicios como para no entender su cansancio. Pasado el tiempo lo consideró, igual que Fraga, «el mejor ministro de Fomento de todos los tiempos». Los estudiosos del futuro dudarán entre ese generoso calificativo (que le valió la discutida Medalla de Oro de Galicia) y los crueles epítetos de algún medio que lo hizo responsable de la tragedia del «Prestige» y de los hundimientos del AVE. Con todo, lo que este cronista lamenta más de la retirada de Cascos es lo que sabe menos gente: fue el único ministro de Aznar que consiguió entenderse con los nacionalistas vascos. Fue el autor de muchos acuerdos. Y ésa era, precisamente, su otra cara: frente a una apariencia de dureza e intransigencia, se escondía un hombre de consenso. Queda una pregunta ¿Por qué le deja marchar Rajoy, ahora que, al parecer, vienen tiempos de mayor diálogo? Escuché las palabras del candidato, y su pena por la retirada es perfectamente descriptible. Uno de los problemas de Rajoy es hacer equipo propio, después de tanta relación cordial con los ministros y dirigentes actuales. Desde ese punto de vista, se podría decir: a ministro que huye, puente de plata. Rajoy necesita caras nuevas.

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