Diario de León
Fernando Jáuregui

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TODAVÍA en plena tormenta surgida de la entrevista de Carod con ETA (entrevistas más bien), contemplamos la fotografía de Eugenio Echeveste, Antxon, saliendo de la cárcel, tocado de txapela y con ikurriñas de fondo. Antxon, el etarra que fue primero duro, luego dialogante, luego casi arrepentido, después contumaz. Una vida truncada al servicio del terror, y lo mismo me da que tuviese o no las manos directamente ensangrentadas. Pienso que ETA es el enemigo; ni Carod puede encontrarse con los miembros de la banda ni Antxon puede ser tratado como si hubiese sido Nelson Mandela abandonando la prisión en plan héroe. Antxon es un tipo que mata, manda matar o es cómplice de los que preparan asesinatos. Lo mismo que Mikel Antza o Josu Ternera, los interlocutores de Carod. De nada vale engañarse acerca de si un etarra es más o menos dialogante, más o menos bestial en sus comportamientos: están fuera del sistema y fuera de la humanidad y quien lo dude que eche un vistazo retrospectivo a ese congreso en el que las víctimas del terrorismo practicado por los antxon de este mundo, nos han mostrado sus dignas lágrimas. Otra cosa es que quien tenga que mantener abierta una puerta al diálogo con la banda asesina la mantenga. Estoy convencido -y espero que así esté ocurriendo- de que alguien que habla en nombre del Estado habla ocasionalmente, quizá a través de intermediarios, con alguien de «ellos»; para eso están los servicios de inteligencia, entre otras cosas. Pero no es, desde luego, ningún político ni ningún periodista, actuando por su cuenta y riesgo al margen de los esfuerzos del Estado, representado por el Gobierno de turno, quien debe y puede decidir cuándo encontrarse con los del tiro en la nuca y la bomba asesina. Tras lo de Carod y al ver al veterano Antxon abandonando, triunfante y desafiante, la prisión, rodeado de micrófonos, me quedo con la indefinible y triste sensación de que las víctimas del terrorismo, que potencialmente podemos ser usted o yo en cualquier momento, se han quedado un poco más desamparadas.

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