VUELTA DE TUERCA
Nacionalismo envilecedor
ES HORA de preguntarse qué ha hecho el nacionalismo, -y habría que precisar: el nacionalismo en su versión cegata y exacerbada-, en los últimos años para contribuir a que nos llevemos bien y nos entendamos los que convivimos en la Península Ibérica. Nada de nada. Todo ha sido y es poner piedras en el camino de la convivencia. El esfuerzo de entendimiento y de equilibrio que se ha hecho desde la transición hasta ahora tendrá todos los defectos que se quiera pero es agua bendita si se confronta ese espíritu de concordia con esa obsesión espantosamente ridícula por buscarse enemigos dondo ni los hay ni los quiere haber. El mundo que rodea a esos nacionalismos que encarnan gentes impredecibles como Carod-Rovira y cía, a ellos los enaniza y a todos salpica y envilece.