CRÓNICAS BERCIANAS
Políticos, listas y salchichas
PREGUNTA este periódico a los viajeros de la Red si los partidos eligen a sus representantes de modo objetivo. La respuesta negativa es aplastante. No podría ser de otra forma. Los españoles no es que seamos muy espabilados. Pero la talla media de nuestra estupidez tampoco es muy superior a la europea. Aunque luego cuando acudamos a las urnas nos hagamos los «tolais» y votemos con entusiasta espíritu democrático, como si no nos enterásemos mínimamente de los tejemanejes orgánicos, de los intereses económicos y personalísimos, de los tráficos de influencias, de las presiones de los «lobis» del ladrillo o de los medios, o de la banca. En ese sentido, los españoles, los leoneses, los bercianos muy en particular, llevamos creciendo democráticamente sólo a un ritmo similar al del precio de la vivienda en los últimos diez años. ¿Si no, de qué seis de cada diez ciudadanos con derecho a voto iban a acudir el próximo mes de marzo a las urnas? Los americanos, con todo el pedigrí putativo de Tocqueville y compañía, no votan ni cuarenta y cinco de cada cien cuando se trata de designar al presidente no sólo del país, sino del planeta presuntamente civilizado. Aunque aquí, por el caminito que llevamos, acabaremos también por irnos de pesca, de pic-nic o a un balneario, coincidiendo con la jornada electoral. Porque hasta al más desenchufado de la política intramuros puede que le asalten las arcadas al comprobar la presencia de algunos nombres en las listas electorales de los partidos, o en los cargos de relumbrón de ciertas instituciones, y ponderar luego, someramente, el éxito de su trabajo o la imagen pública que ha ido acuñando entre la parroquia. No hace falta ser del PSOE para preguntarse sobre los misteriosos méritos parlamentarios de Juan Morano, salvo que cada cien de sus alocuciones radiofónicas sean canjeables por dos en el hemiciclo. Tampoco hay que ser muy socialista para plantearse cuáles son los criterios electorales que pueden primar a la hora de llegar a defender la presencia en las listas del PP de la alcaldesa de la populosa villa de Rioseco de Tapia en detrimento de un portavoz de la depauperada y despoblada comarca berciana. ¿O es que tal vez hay que ser un «pepero» recalcitrante para advertir que por ejemplo la tres del PSOE al Congreso tampoco es que sea la figura política que más tirón tiene en Ponferrada ni aun entre propia la militancia? O para inferir que el número uno debe ser muy colega de Zapatero para podar de raíz las aspiraciones de cualquier abnegado dirigente socialista autóctono? ¿Qué hilos mueven la elección de futuros parlamentarios o cargos públicos? Les confieso que hallé la respuesta a tal inquietud hace unas semanas en una de esas series americanas con guiones antológicos. Como Los Soprano, Frasier, o Sexo en N.Y. . En El ala oeste de la Casa Blanca uno de los protagonistas le comenta a otro: «Hay dos cosas que los ciudadanos no deberían saber de qué están hechas. Ni las salchichas, ni las leyes». El mondongo de las listas, sobre todo en el Bierzo, tampoco es muy democráticosaludable que se diga.