Diario de León
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FEDERICO ABASCAL
León

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SI ZAPATERO tuviese la habilidad dialéctica de Felipe González, y éste el pasado en blanco de aquél, el PSOE podría ganar con relativa facilidad las elecciones generales. Felipe González se sobrevive políticamente a sí mismo lejos de los problemas nacionales, a los que dedica intermitentemente análisis en algún medio de comunicación, pero desearía que Rodríguez Zapatero frenara en seco, el próximo 14-M, la supervivencia política de Rajoy. Deseo difícil de alcanzar, a la luz de las encuestas, cuyas profecías favorables al PP reflejarían una contradicción social nacida del deseo mayoritario de un cambio político junto al convencimiento, mayoritario igualmente, de que ese cambio no va a producirse. Para estudiar el inmediato futuro se dispone, de momento, de los programas electorales, incluido el del PSOE, aprobado por la unanimidad de su comité federal. Pero más importante o, al menos, más sugestivo y esclarecedor que el programa socialista sería lo expuesto por FG y RZ en el Club Siglo XXI. De entrada, España saldría de la foto de las Azores para actuar, no sólo en la UE, donde está enclavada, sino con la UE, reanimando la política exterior de consenso que Aznar habría pulverizado, y manteniendo los vínculos atlánticos que nadie rechaza en el país, aunque despojados del entendimiento que, a nivel personal y sin las aclaraciones pertinentes, mantiene Aznar con Bush. Complejo asunto el de esas relaciones tan personalizadas y sin el debido consenso nacional. De ahí que Zapatero asegurara, en la reunión del comité federal del PSOE, que va a seguir pidiendo al Gobierno, y especialmente a Aznar y a Rajoy, explicaciones sobre la guerra de Irak y, ya en un plano más concreto, de los informes del CNI sobre las armas de destrucción masiva, que no aparecen. Sostenía RZ, ya sin el apoyo absorbente de González, que el debate sobre la guerra de Irak y las armas de destrucción masiva no pertenece al pasado, como afirma Rajoy, a no ser que «1.500 soldados nuestros vivan en el pasado que el Gobierno quiere ignorar». Irak vuelve a instalarse en el presente norteamericano y británico, y no parece que ni siquiera habilidad del ministro portavoz Zaplana consiga alejarlo de la actualidad.

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