DESDE LA CORTE
Perdón por comparar
AYER volvió a proyectarse en el cine de la política española una película ya vista: todos los partidos le pidieron el Gobierno que informe sobre las armas de destrucción masiva. Y esos partidos tropezaron otra vez con la misma piedra: al Gobierno quizá le gustaría informar, pero no puede; se lo impide la Constitución y el Reglamento, que, en tiempo de Diputación Permanente, sólo permiten comparecencias para convalidar decretos-leyes o en estados de alarma, excepción o sitio. Lo que esto supone ya lo hemos comentado. La sociedad se queda sin información. El Parlamento, burlado, porque también la Constitución establece que en estos periodos ha de velar por su poder, y no lo hace. El Gobierno se libra del control de las Cámaras hasta las nuevas Cortes; es decir, en plena primavera. Será otro equipo, aunque sea del PP, el que deba rendir cuentas. En ningún caso, el presidente actual. ¿Era esto lo que buscó el legislador cuando definió a nuestro sistema como una monarquía parlamentaria? Es seguro que no. Pero la práctica política se agarra a esa previsión para evitar malos tragos a los gobernantes. ¡Qué envidia de los anglosajones! Mejor dicho: ¡qué envidia deben tener ellos del sistema y del Presidente español! Sólo Aznar ha manejado los datos de Naciones Unidas. Los otros dos protagonistas de la foto de las Azores, tontos ellos, se han fiado de sus servicios de inteligencia, y ahora tienen que crear comités de investigación. Bush puede pagar un altísimo precio en las urnas. Tuvo que plegarse a las exigencias de la opinión pública y someterse a una entrevista para inventar una nueva doctrina de la invasión. Blair, según la prensa, es acosado todos los días. Y en España, nada. Nada de nada. Ni comités, ni explicaciones. La prensa habla de guerra de las mentiras. Hay durísimas calificaciones. Se desempolvan archivos para recordar lo que dijo Aznar de las armas, frente a un Zaplana que lo niega con una naturalidad merecedora de un Oscar de Holliwood. Pero Aznar tiene un escudo: el Reglamento y los informes de la ONU. Y yo me pregunto, y perdón por comparar: ¿cómo no se les ocurrirá a Bush ni a Blair utilizar los mismos informes que Aznar? ¿Serán tontos de capirote? A lo mejor ocurre que tienen una oposición más eficaz. E incluso una prensa más hiriente. Lo cierto es que esta batalla está dando este resultado: dos de la foto, heridos de muerte, y el otro como si no hubiera pasado nada. Aznar es un genio. Y su oposición, toda, incluida la mediática, el retrato de la impotencia.