Diario de León
Fermín Bocos

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ASISTIMOS estos días a un hecho político inquietante: uno de los candidatos a la Presidencia del Gobierno convoca ruedas de Prensa en las que no permite que los periodistas le hagan preguntas. Por insólito que parezca, es así. Está pasando. Así que hay que denunciarlo. Porque si este desafuero prosperara convertiría a los periodistas en simples transportista de propaganda. Propaganda política en este caso. ¿ Se imaginan qué habría sido del caso Watergate si el presidente Richard Nixon hubiera vetado las preguntas de los periodistas en las ruedas de Prensa celebradas en la Casa Blanca? Adolfo Suárez aguantó las preguntas «impertinentes» de los informadores respecto del calado del malestar que había en los cuarteles por aquel entonces; Leopoldo Calvo Sotelo respondió con flema a incómodas preguntas sobre la trama civil del 23-F y Felipe González, en TVE, respondió en directo a una pregunta de Iñaki Gabilondo sobre los GAL. Ahora, según parece, cualquier pregunta molesta. El ejercicio de la profesión periodística no es un hecho graciable. Es un derecho. No de los periodistas, de la sociedad. La libertad de expresión de la que nace la Prensa es la base de la Opinión Pública, institución que es uno de los pilares del sistema democrático. Así se refleja en nuestra Constitución y, aún antes, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En las sociedades democráticas no sometidas a la censura previa (no permitir preguntas, es censura), la Prensa se configura como un contrapeso que contribuye a que la separación de poderes sea real y no un hecho virtual como tantas veces hemos tenido ocasión de comprobar en la reciente historia de España. Tengo para mí que alguien debería decirle al ciudadano Mariano Rajoy que rectifique. Que rectifique porque sin libertad de información no hay democracia.

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