Diario de León

EL PAISANAJE

España de saldo: penúltimas rebajas

Publicado por
ANTONIO NÚÑEZ
León

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ECHANDO la cuenta de la vieja servidor calcula haber vivido, con ésta, siete campañas electorales, que, a mayores de viejo, le han vuelto también un tanto escéptico. De modo que cuando Rajoy y Zapatero aparecen en el telediario prometiendo el oro y el moro para León uno procura hacer zapping en dirección a la cama porque esa película ya la había visto. Consultando luego con la almohada los de nuestra generación analizamos el sentido del voto y tenemos pesadillas: «reindustrializaremos la provincia», claman ambos candidatos lo más alto que pueden (a la mierda las azucareras, las térmicas, las minas y Antibióticos). O «subiremos las pensiones» (ni uno sin prejubilar). O «el campo leonés no va a despoblarse» (vuelta a casa de Benidorm por marzo de las excursiones del Inserso). O «de este año no pasa lo del paso a nivel del Crucero (y, efectivamente, con la barrera bajada no pasa ni el calendario). Ya soñando despiertos a la mañana siguiente, pero soñando, a los más veteranos no nos queda más remedio que reconocer que algunas promesas electorales de la clase política local sí se han cumplido, como la gran autovía del noroesta Madrid-La Bañeza-Astorga-Ponferrada-Finisterre, pero sólo porque el gallego Fraga se puso borde. O las de León a Astorga y Benavente (para chulo el asturiano Cascos). En cuanto al resto de las promesas electorales de estos días, son las de siempre: menos impuestos y más pensiones, ayudas a las madres lactantes y dentistas gratis para los dientes de leche, ordenadores top manta en todas las escuelas y que todo el que quiera cobrar derechos de autor del Estado que se ponga en fila india y vote, etcétera. «Ja, chacho», le dijo el otro día el gitano a su colega de mercadillo, «parecían payos pero en España está todo a cien y nos van a arruinar el negocio». A lo que el otro se limitó a contestar: «puro marketing, así que sigue vendiendo el vaquero Lewis Straus 503 a tres euros y regatea lo más que puedas». Luego siguió a grito pelado en el kios-ko, como si fuera un mitin: «ropa de Pho, de Pho, ropa de Pho..nferrada». Ya casi no le queda mercancía.

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