EL BALCÓN DEL PUEBLO
Los cuatro jinestes de la poca leche
VAN a por todas. El Partido Popular debe tener información muy ajustada que visiona un cielo gris sobre el que vuela la gaviota de cara al 14-M. Los sondeos ya lo situaban ayer alejados de la mayoría absoluta. En cinco días de campaña los socialistas le han recortado un punto. Y la tendencia sigue. Quizá por ello han movilizado todos sus recursos: los amables y los catastrofistas, los del Gobierno y los del Estado, para no perder ni un sólo gramo de poder. Aunque Vitatene no produzca nada hasta dentro de un mes, ha venido el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, con dos de sus consejeros, el de Economía y el de Fomento, Tomás Villanueva y Antonio Silván, respectivamente, a cortar la cinta inaugural. Al otro lado del Manzanal, en Ponferrada, la consejera de Hacienda, Pilar del Olmo, se prestó a inmortalizar la foto de propaganda con la excusa de recibir la parcela sobre la que se edificará en el futuro la sede que será compartida por el Consejo Comarcal del Bierzo, por la Junta, y albergará también servicios municipales. No hay ni proyecto, ni presupuesto, ni nada. Pero lograron una foto absolutamente azul. Como la de Antibióticos, en la que se coló de rondón Rodríguez de Francisco. Por si faltaba algo, se anuncia la visita de Rodolfo Martín Villa para inaugurar el nuevo Auditorio de Cubillos. Al «rey de las primeras piedras», Álvarez Cascos, no le han permitido las juntas electorales de Valencia y Huesca colocarlas en un tramo de tren de Alta Velocidad y en un aeropuerto. Todo lo anterior, con tener un tufo propagandístico neofranquista (¿Recuerdan?: Con los nietos de la mano/ inauguraba los pantanos/ y en la pesca del salmón/ quedaba siempre campeón/ adivina adivinanza: ¿quién era el cabezón?) es como la cara alelada y amable de la campaña electoral. Porque hay otra cara con el ceño fruncido, el gesto agrio y la palabra inasumible. Dice Manuel Hidalgo, columnista brillante, que la están encarnando los cuatro jinetes del Apocalipsis: Acebes, Zaplana, Michavila y Arenas. Yo creo que estos cuatro ministros en funciones son los jinetes de la poca leche, por recordar una película basura del cómico Antonio Garisa. El candidato popular, Mariano Rajoy, al que empujaban sin desmayo sus huestes, mantenía cierta prudencia. Pero en esto llegó el comandante -oh, perdón- el caudillo José María Aznar, quien entró en campaña en Tomelloso. Entró en escena bronco, duro, catastrofista: «Necesitamos una mayoría sólida porque quieren liquidar España». El mensaje es idéntico al de otras campañas: O nosotros, o el caos. Y caña a Rodríguez Zapatero, al que teme y desprecia. El discurso de Aznar no es creíble ni en la España profunda, si es que aún existe. Tal vez, sí; tal vez el miedo, los apocalipsis, aún dan réditos electorales. Como echar mano a la indecencia del terrorismo, hasta elevar a Carod Rovira y a ETA al vértice de la campaña. Es una forma trasnochada de evitar que la lona negra de la guerra de Irak, de la catástrofe del «Prestige», la tragedia del Yak-42 y otros asuntos cubran su tienda. Los despacha como virtuales con ERC y Carod Rovira. Y con ZP, que no rompe el pacto en Cataluña. Todo lo que roza sus intereses es perversión.