Diario de León
Fermín Bocos

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EL TERRORISMO es la guerra por otros medios. Los más arteros. Los que dan la medida de hasta qué punto puede envilecerse el ser humano. Pero es una guerra. Lo estamos viendo en Irak con una crudeza que parece que sorprende a quienes no fueron capaces de prever (¿o sí estaba previsto?) que tras disolver las Fuerzas Armadas y licenciar a la policía del régimen de Sadam, el país iría de cabeza a la anarquía. En los primeros meses de la posguerra Washington mantuvo una visión propagandística de lo que sería el futuro de Irak: redacción de una Constitución, elecciones abiertas, traspaso de poderes, etcétera. Cosa bien distinta supone el escenario actual: con atentados indiscriminados y masivos y a punto de estallar un enfrentamiento armado abierto entre la comunidad chiíta y los sunitas partidarios del régimen derrocado. Con semejante estado de cosas, está claro que los EE.UU. tienen servida la coartada para permanecer indefinidamente en Irak. Ni aún perdiendo Bush la presidencia, abandonarían. Hay un dato colateral muy llamativo: la producción de petróleo está a punto de alcanzar el mismo número de barriles que Irak extraía antes del 91, cuando Sadam invadió Kuwait. Quiere decirse que va camino de ser la segunda producción más importante del planeta detrás de Arabia Saudita. Esa riqueza -que administran las compañías americanas e inglesas- es, sin duda, la última ratio estratégica que explica (aunque no justifica) la guerra y la invasión. Teniendo en cuenta que los mejores campos petrolíferos están en el Norte (región kurda) y en el Sur (zona chiíta) no me extrañaría nada que en un futuro no muy lejano asistiéramos a la partición de Irak. Tengo para mí que los de Al Qaeda no son los únicos que pescan en el río revuelto de la política iraquí.

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