Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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QUÉ escribir. El estupor no deja cabida ni siquiera a la ira o al odio. Todos esos muertos y heridos son un jirón de nosotros, de nuestros valores colectivos, de ese destino común que compartimos más allá de diferencias ideológicas. Lo primero es la condición humana, su vocabulario espiritual que está por encima de la lengua en la que dices padre, madre, patria, vida o muerte.  Democracia y  paz no son meras palabras, sino los pilares de nuestra convivencia. No puedo ni quiero escribir una columna elaborada, no es hoy un día para recurrir a la literatura y a los recursos del oficio. Que las líneas fluyan solas, pero desde la razón, que también se basa en emociones. Los políticos han de estar a la altura de la gravedad de las circunstancias, por encima de cualquier interés electoral. El terrorismo ha querido pervertir la votación del domingo,  perpetrando un brutal atentado del que se hace difícil abstraerse, pero hay que hacerlo. Los terroristas no deben condicionar los resultados de una votación.  Ojalá ninguna declaración, ni siquiera un mero gesto de la cara, pueda ser interpretado como una rentabilización electoral. Es en las situaciones límite cuando los pueblos y sus líderes demuestran la valía. Quien falle o no dé la talla ética en circunstancias como ésta ya nada se podrá esperar de él. Ante tanto horror, pero también ante tanta esta hermosa solidaridad, sólo lo esencial tiene importancia. España es un gran país, en el que casi todo puede tener cabida, salvo los monstruos. Nazis les ha llamado alguien. Es curioso los eufemismos que utilizan algunos para no denominar por su nombre la ideología concreta de unos asesinos. Frente a la monstruosidad, nos quedamos con los sentimientos solidarios,  con el dolor que nos honra.  Ni siquiera pienso en Madrid como tierra en la que nací y donde tengo tantos seres queridos. No existen los lugares; existe el prójimo, la sagrada hermandad de los desconocidos. El dolor nos fortalece, porque nos une.  

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