FRONTERIZOS
¿Qué decir?
LOS QUE, pese a todo, queremos seguir creyendo en la fuerza de la palabra frente a la barbarie de la dinamita, en el imperio de la inteligencia frente al oscurantismo totalitario, ¿qué podemos decir hoy? Otra vez el dolor, ahora más cerca, más grande, más asfixiante. Otra vez el terror, ciego como siempre, negro como el alma de los asesinos. Ni la idea más noble, ni la patria más hermosa, ni la religión más elevada justifica un sólo muerto. Se me podrá decir, en efecto, que no existe idea, patria o religión que no tenga su cuota de sangre, pero quiero creer en la evolución a mejor del ser humano, aunque la práctica se empeñe en contradecirme. Hoy me siento orgulloso de ser berciano y de ser español y de ser un ciudadano de un mundo quizá confuso y desorientado pero que ha ocupado la calle, en un acto que nunca es inútil, en la más masiva e interclasista de las demostraciones de reafirmación democrática y de solidaridad con las víctimas de nuestra historia. Todos íbamos en esos trenes, a todos nos han matado un poco en ese jueves en el que también el cielo lloró, todos hemos gritado en silencio el viernes. Temo, sin embargo, los próximos días. Quiero creer que nuestros representantes políticos, los que hoy elegiremos libremente, estén a la altura de las circunstancias, no confundiendo al rival con el enemigo y teniendo claro que no hay nada que justifique, proceda del fanatismo de donde proceda, ni ésta, ni ninguna otra masacre criminal. Hay muchos aspectos confusos en la autoría de este atentado que deben ser aclarados pero deberá hacerse desde el mandato de unidad proclamado por los millones de personas que el viernes, con el corazón roto, tomamos la calle.