AL TRASLUZ
Un gran país
SE PUEDE discrepar de un Gobierno sin por ello modificar el voto favorable al mismo, pero cuando una decisión del poder choca con convicciones mayoritarias ha de producirse inevitablemente un efecto en las urnas. La clave del triunfo del PSOE no está en por qué la izquierda ha votado como lo ha hecho, que es fácil deducirlo, sino porqué ha habido una pérdida del voto centrista y conservador. Una guerra es para muchos un problema de conciencia, y más si luego no han aparecido las armas de destrucción masiva que presuntamente la justificaron. El pasado 11-M fue, en este sentido, la dolorosa gota que colmó el vaso. El PP ha contribuido a la modernización del país, consolidando dicho centro político, que cuenta con nombres tan representativos de la moderación, como Rajoy, Herrera o nuestros Amilivia y García Prieto, por sólo citar algunos nombres. Pero nada hay más alejado del centro que una guerra. Así no hay quien haga centrismo. Muchas sandeces se han dicho sobre la desvertebración de España que vendrá con el modelo socialista. Lidiar con los nacionalismos no es fácil, pero dudar de las convicciones patrióticas del PSOE es una injuria y un desconocimiento de la historia contemporánea. Ayer, Pío Moa, juglar del revisionismo franquista, publicaba un vil artículo advirtiendo de los peligros que corre España. No hay tales peligros. Tenemos un gran país y Zapatero llega dispuesto a servir a su patria, que somos todos, con ilusiones, firmeza y honradez. Rajoy será un gran líder de la oposición, quedó claro la misma noche de la derrota electoral. Por cierto, quizá las palabras más hermosas sobre la tragedia del 11-M pronunciadas en León fueron las del comunicado leído por Rodríguez de Francisco. Sí, tenemos un gran país.