EL BALCÓN DEL PUEBLO
Presidente para la concordia
HA SIDO espectacular. La victoria de José Luis Rodríguez Zapatero es indiscutible. Una victoria de ZP, más que del partido. Fue él, más que el partido, el que llevó en volandas a los suyos, al contrario que Mariano Rajoy, del que tiraba el PP. Los españoles, tres días después del más desgarrador atentado de nuestra historia, decidieron cambiar de gobierno. Decidieron mandar a la oposición al partido que copaba con su mayoría absoluta todas las instituciones del Estado. La victoria socialista ha sido contundente: aventaja en cinco puntos porcentuales en término de sufragio -casi un millón trescientos mil votos- a su adversario, y en 16 escaños. Ha sido un brusco viraje. La guerra de Irak y el atentado del 11-M modificaron el escenario. La sociedad española percibió la arrogancia, la manipulación del dolor, la nefasta gestión de tanto sufrimiento, intentando llevar a la margen azul la rentabilidad política. Y se plantó y movilizó con ejemplaridad. España estaba emocionada y conmovida, pero no humillada. Y el domingo acudió a votar en masa: incrementó su participación diez puntos respecto a la anterior consulta electoral. Siento, muy en primera persona, la emoción. He contribuido, en la medida de mi modesto entusiasmo, a que un leonés llegue a la máxima dignidad ejecutiva de España: a la presidencia del Gobierno. Mi fe ha sido ilimitada: tanto cuando aspiró a la secretaría general socialista, como a la presidencia del Gobierno. Hasta ayer cumplí sin pestañear con lo que creo debe ser el oficio del periodista: controlar al poder. Y el poder cambia de manos. A partir del mismo día que sea investido presidente por las Cortes Generales, miraré cada atardecida desde este balcón para exigir el cumplimiento de las promesas. Rodríguez Zapatero ya no es el flautista de Hamelin . Es el presidente in pectore del Gobierno español. Un presidente «para la concordia». La concordia es casi una religión para una treintena de leoneses que almorzamos cada último jueves de mes. El domingo pasado España ha dado una lección formidable a José Mª Aznar y al PP. Le han dicho en las urnas lo que le venían previniendo en la calle: no a la guerra de Irak, no a la crispación, no a la intolerancia, no a la manipulación informativa, no a las mentiras... Hicieron oidos sordos y llegó el batacazo. Aznar y su corte de ministros insufribles -Trillo, Ana Palacio, Cañete, Cascos y Zaplana- arrastró a su delfín a la ruina. Y queda abierto un interrogante sobre las secuelas. Pero si el vuelco electoral ha sido espectacular en el país, en León se agiganta hasta límites increíbles: los socialistas recuperaron más de 53.000 votos y obtuvieron la victoria. ¿Quién decía que no existía el «efecto Zapatero»?. Ministros, consejeros, toda una riada azul intentó ponerle trabas. No pudieron con el soplo de aire fresco y de esperanza que predicó Zapatero. Empieza el «cambio tranquilo» con una inyección de moral extraordinaria: la recuperación de más de tres millones de votos. Rodríguez Zapatero promete que el poder no le va a cambiar. Siempre ha sido humilde. Que no lo olvide.