Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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LA FOTO dolió como una bofetada. Peor aún, fue un escupitajo de pus. Un manifestante en Madrid portaba en la mano un cartel en la que se leía «Zapatero al paredón». El personaje en cuestión ni siquiera daba el arquetipo del ultra, más bien lo contrario; entre los 35 y los 45 años, con aspecto más progre que de ejecutivo. ¿De dónde le brotaría ese odio tan irracional hacia alguien a quien no conoce y que nada le ha hecho, salvo ganar honradamente en las urnas a su partido? La dignidad del PP, que cuenta con un amplísimo electorado de españoles moderados, no puede verse encharcada con peticiones tan monstruosas. El PP ha llorado a muchos compañeros asesinados como para que ahora un miserable simpatizante reivindique nuestro pasado más siniestro. En España ya no hay paredones, aunque todavía hay muchos terroristas sueltos deseando dar tiros en la nuca. Ambos partidos han dado ya muchos, demasiados, mártires a nuestra democracia. Aquí ya no hay paredones, ni los habrá porque somos un pueblo que acepta los resultados de las urnas, salvo una minoría. No tengo la menor duda que esa foto ha provocado repugnancia en la mayoría de los políticos populares, por no decir en todos, ¿de dónde salen entonces tales energúmenos? ¿formaría parte de ese pelotón de ejecución que él mismo reclama? Y Almodóvar, otro que tal. Debería saber que el rumor no es noticia. Hace falta ser irreponsable y mala persona para insinuar lo que insinuó. Tampoco es cierto que en España no hubiera democracia con Aznar; la hubo y la habrá. Por lo visto, hay personajes y personajillos dispuestos a crear atmósferas de crispación social, que no reflejan sentimientos mayoritarios, sino de mera camada. Y tanto ha de darnos que el fanatismo sea de derechas o de izquierdas. España es un gran país, lo escribimos la semana pasada, que ama su democracia y que cree en la alternancia. Lo demás es espejismo. Peor aún, mera conjura de los necios.

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