Diario de León
Publicado por
ENRIQUE CIMAS
León

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EN UN ARTÍCULO recientemente publicado en estas mismas páginas se cargaba contra la Iglesia, a cuenta de su participación en la formación religiosa de los escolares, y de cuyas pedagogías en el actual sistema educativo -aun concerniéndole legalmente- se le quiere eliminar, por intrusismo y prepotencia. En síntesis, el trabajo referido señalaba que, en adelante, los chicos de nuestras escuelas tendrán que optar por la asignatura de Religión, o...de Religión; de carácter confesional, la primera y no confesional, la segunda. Pues bien, para empezar no es cierto que la enseñanza de Religión se curse de forma obligatoria; seguirá siendo voluntaria, y solamente la recibirán los alumnos y alumnas cuyos padres lo hayan solicitado. En segundo término, la otra opción (la no confesional) no constituye más «masa religiosa», por cuanto en sus desarrollos se contempla el estudio histórico de doctrinas diferentes al credo católico. Y esto es bueno al dar origen, entre los estudiantes, a una práctica comparativa respecto de las características y cualidades de las distintas iglesias. Y sobre todo porque reporta al alumnado un grado, cuando menos elemental, de cultura religiosa. Dicho, el término «religioso», sin el menor ánimo de establecer correlaciones con lo más extendido en España, que es la religión católica. Y ahí, ahí mismo, es donde aprieta la dichosa horma del dichoso zapato: envolver, liar, promiscuar conceptos tales como laicismo, libertad religiosa, enseñanza libre, poderes del Estado laico y/o del partido político que le pueda sustentar en cada caso. Esto puede quedar apañadito -de cara a la galerí- en una aparentemente inofensiva redacción periodística basada en argumentos siempre aducidos (¡anda, y que no ha llovido desde las políticas de don Marcelino Domingo!) y esgrimidos por quienes se manifiestan progresistas. Pero casan mal, muy mal, razones y contraposiciones como las extraídas del trabajo periodístico en cuestión: «(...) La escuela pública debe ser laica para que pueda ser lugar de encuentro de todas las culturas e ideologías (...)» ; no casan, reitero, en absoluto con el fulminador anatema:«(...) Exigimos al gobierno, una vez más, que rectifique la Ley Orgánica de Calidad eliminando la asignatura de Religión del currículo escolar (...)». ¿En qué quedamos?, ¿que la escuela sea lugar de encuentro de todas las culturas, o que, al mismo tiempo, pueda ser arrojada a la intemperie -extramuros de la sociedad- una de tales culturas?. He ahí una chocante interpretación de lo democrático. No tengo ninguna objeción que hacer sobre la forma de opinar correcta y libremente, de ésta, o aquella materia. Ni me importan las preferencias políticas, ni las firmas partidarias. Si me siento concernido, en cambio, como ciudadano aceptablemente informado -y desde luego como católico-, por el fondo de lo que se diga. Porque la figura de la «horma del zapato», tiene mucho que ver con lo anterior, esto es, con las posiciones de laicismo y laicidad. El primero, -que la enseñanza religiosa sea eliminada, que haya encuentros en la escuela, pero que de ellos se fulmine a lo que huela a religioso...etcétera-, el laicismo separa lo temporal de todo lo religioso; en los colegios especialmente. Y miren ustedes por donde el Artículo 16 de nuestra Constitución establece, por el contrario, esto otro : «Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto (...)».Y más adelante, punto tercero, (...) «Mantendrán -los poderes públicos- las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y demás confesiones (...)». Nos estamos refiriendo a una Constitución refrendada por la mayoría de los españoles. En cuanto a la laicidad -cualidad de laico, objetiva, y sin «ismos»- la propia Constitución nos lo acaba de aclarar en parte: «cooperación con la Iglesia Católica y demás confesiones». O lo que es igual, y por extensión, actitud que, manteniendo inequívoca la delimitación entre lo civil y lo religioso, y respetando al otro ámbito, facilita un dialogo recíprocamente beneficioso; tal que para la mejor atención de determinados sectores (culturales y artísticos; los socio-sanitarios y los moralmente formativos). De este modo, el Estado, aplicando la Norma y por medio de instrumentos jurídicos -de Derecho Internacional público- llamados Acuerdos con la Santa Sede, coopera -por ejemplo, desde hace bastantes años...- reconociendo idoneidad a la Iglesia católica española para elaborar programas de enseñanza religiosa; del mismo modo que otorga a los estamentos educativos laicos la facultad de confeccionar los de otras disciplinas: Ciencias Ambientales, de Conocimiento, etcétera. Hace unas semanas, el arzobispo de Toledo, don Antonio Cañizares, aludía a la cuestión de los derechos que a todos los españoles confiere la Carta; entre ellos el de libertad religiosa. Y, junto a esas facultades inalienables, las relativas a las de expresión y comunicación. Porque ahora resulta, según algunas opiniones del radical-laicismo, que la Iglesia tendría que ser privada de la libertad de expresión -en la Enseñanza-, con lo que, ciertamente se le inhabilitaría para el ejercicio del muy democrático y constitucional derecho de libertad; sin más. Demasié. Todos, asevera el laicismo, pueden expresarse libremente..., excepto la Iglesia, que tendría que estar callada cuando, pongamos por caso, los poderes temporales dictaminen sobre asuntos con posible repercusión en la biología e integridad del ser humano. Es decir, extremos contrarios al Derecho positivo, y, por descontado, transgresores del Derecho natural...

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