EL RINCÓN
Alerta estamos
LOS TIEMPOS convulsos se caracterizan por hacer de cada uno de nosotros su propio centinela. Miramos con recelo al que ocupa el asiento contiguo en el autobús y mucho más si se baja en la parada anterior, y al desconocido que lleva una pequeña cartera de mano. El terrorismo nos hace desconfiar de nuestra propia sombra, buena o mala, a pesar del tiempo que lleva junto a nosotros, y eso de no fiarse de nadie es tristísimo, aunque sea mucho peor ver en cada prójimo un presunto delincuente. «Quien habla siempre del enemigo: ese es el enemigo», y ahora vemos enemigos por todas partes, lo que significa que el terrorismo organizado, que pretende sembrar pánico, está alcanzando su siniestra victoria. Saben muy bien los terroristas que no hay balas ni bombas para todos y que jamás podrán aniquilar al conjunto de una sociedad, pero también saben que el miedo puede instalarse en cada uno de sus miembros. PSOE y PP han pactado un plan de alerta que incluye el apoyo del Ejército. Lástima que no vayan uniformados los espías ni los terroristas: sería más fácil descubrirles. Hay que vigilar fronteras, espacios aéreos y aguas territoriales. Se dice pronto, pero ¿cómo se hace? Todos los planes de seguridad se quedan en eso: en planes. Lo más que se consigue es ponérselo más difícil a los asesinos, pero no se logra evitar sus crímenes. Contra las vocaciones fuertes no se puede luchar, pero sí es posible combatir las tendencias xenófobas y no ver un dinamitero de Al Qaeda en cada moro que venda linternas grandísimas, como para iluminar la cueva de Alí Babá, relojes digitales y elefantes de gradual madera. Los inmigrantes no han venido a ponernos de luto, sino a intentar comer un par de veces al día. Que no haya confusiones. Es curioso que el plan de alerta se establezca cuando el grupo que reivindicó la espeluznante matanza del 11-M ha ordenado no atentar en España. Al parecer se dan por satisfechos con los 201 muertos. Ahora esperan atender otros países exportadores de guerreros.