CON VIENTO FRESCO
Camino y santuario
AÑO JACOBEO, primero del milenio. Miles de peregrinos visitarán la tumba del apóstol en Santiago, utilizando los medios más diversos. Los caminos jacobeos, especialmente el Camino Francés, aquel que desde Jaca y Roncesvalles por Puente la Reina, Logroño, Burgos, León y Ponferrada conduce a Compostela, se llenará de una abigarrada fauna de peregrinos y turistas de los más diversos pelajes y nacionalidades. Sin duda los motivos que llevan a esa marea humana a caminar hasta Santiago son muy diferentes, aunque la mayoría lo hace por razones religiosas, confesadas o inconfesadas. Pero también, como antaño, al decir del Codex Calixtinus, lo harán «los pobres, los ricos, los criminales, los caballeros, los infantes, los gobernantes, los ciegos, los mancos, los pudientes, los nobles, los héroes, los próceres, los obispos, los abades, unos descalzos, otros sin recursos, otros cargados con hierro por motivo de penitencia». Es decir, un Camino interclasista abierto a todas las posibilidades económicas, y a todas las inquietudes religiosas y culturales. De las cuatro villas jacobeas del Bierzo, Cacabelos no fue la más importante pero si la más singular y las más estrechamente ligada a Santiago. No solo porque el Camino pasa nucleando la estructura urbana de la villa -calle Real o rúa del Camino Francés, llaman los documentos medievales a la actual calle de Santa María-, sino porque ésta fue fundada a comienzos del siglo XII por el arzobispo compostelano Diego Gelmírez, quien, al decir de la Historia Compostelana, la reconstruyó ya que estaba destruida hasta el suelo. También porque Cacabelos constituyó, dentro del Bierzo, comarca propia de la diócesis de Astorga, un enclave compostelano en tierras leonesas. Hasta el siglo XV perteneció jurisdiccionalmente a la mitra compostelana; y hasta finales del siglo XIX fue de la diócesis de Santiago y no de la de Astorga, en la que se integró en 1890. Como ya ocurriera antaño, lo que facilita que todos los peregrinos y turistas a Santiago puedan hacerlo es la extraordinaria infraestructura asistencial que encuentran en el Camino: albergues, posadas, hospitales, conventos y monasterios; en definitiva la magnánima hospitalidad y solidaridad de los habitantes que pueblan los numerosos lugares por los que discurre la ruta. En este sentido, no hay un camino de peregrinación que iguale al Camino Francés. Cacabelos ha sido siempre un pueblo hospitalario; contó antaño con seis hospitales: San Lázaro, Santiago, San Juan, Santa Catalina, el de Alfonso Cabirto y el de Inés Dominguez que, en la Edad Moderna, se refundieron en el de San Juan u hospital de la villa. Hoy cuenta con un moderno albergue, inaugurado en el año 2000, con capacidad para 74 peregrinos en celdas de dos camas cada una; pero también con hoteles, pensiones y una extraordinaria oferta de restaurantes. El albergue se sitúa en el atrio que rodea el santuario de la Quinta Angustia, bello edificio neoclásico que guarda en su interior siete retablos, de los cuales el mayor ofrece una rica iconografía sobre la Pasión del Señor, que en la segunda mitad del siglo XVIII hicieron Miguel Nuñez y Juan de Solorzano. Dicho santuario, en cuyos aledaños se situó antiguamente el hospital de Santiago, tiene origen medieval; fue una pequeña capilla dedicada a la Virgen, a la «Magestade» dice una escritura de 1307; pero el actual edificio fue reconstruido en el siglo XVIII. Este año se cumple el tercer centenario del comienzo, en 1704, de las obras de tal reconstrucción. Por esta razón, el párroco, don Jesús Álvarez, ha programado un ciclo de conferencias, que comenzarán mañana martes, en las que tres historiadores abordarán los aspectos reseñados en este artículo: el Camino de Cantiago en Cacabelos, la hospitalidad de la villa y la historia del santuario de las Angustias. Creo que se trata de una buena iniciativa, que prepara a la villa para las celebraciones de Semana Santa y sus fiestas de la Pascua. 1397124194