Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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SUENAN casi a maldición bíblica las tristes despedidas que acompañan a los presidentes españoles de la democracia cuando hacen entrega de los mecanismos de poder a sus sucesores, una liturgia del desencanto que siempre llega envuelta en cierto halo de navajeo y rencoroso ajuste de cuentas. Le ocurrió al recordado Adolfo Suárez, piloto junto al rey de la transición española hacia las libertades y cuya vida está marcada por una sucesión de tragedias familiares, incapaz de controlar la jaula de grillos en que se había convertido la UCD. Poco se puede decir de Leopoldo Calvo Sotelo, ni bueno ni malo, quizá el más culto de todos ellos pero significado por un distanciamiento intelectual que formaba parte de su épica íntima. En cuanto a Felipe González, los escándalos del hermanísimo Juan Guerra y la escapada de Roldán, entre otras cosas, pusieron penoso colofón a una etapa histórica iluminada seguramente por más aciertos que sombras. Y otro tanto le ocurre ahora a José María Aznar, máximo responsable de una serie de éxitos económicos que, no obstante, no le han servido para salir por la puerta grande en la escena pública. Muy al contrario, quedará marcado por su estrategia en la guerra de Irak, decisión personal adoptada en contra de la opinión mayoritaria del pueblo, cuya traca final el 11-M, fecha en que Madrid se consagró como la capital mundial del dolor, es entendida por el común de la ciudadanía como un trueque de vidas usadas a modo de inocentes monedas de cambio. Así que la historia se repite una vez más, y mientras Bush sigue buscando las armas de destrucción masiva bajo las alfombras de su despacho, Aznar pasea su soledad autista en medio de insultos y tremendas descalificaciones personales. Una pena. 1397124194

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