SIETE DÍAS
Políticos descolocados
CONFIESAN muchos políticos que no resulta fácil modificar la mentalidad, el chip que dice ahora la mocedad ilustrada en asuntos informáticos, cuando las circunstancias cambian a uno de posición. Eso explica el extraño proceder de algunos representantes del Partido Popular, que no acaban de asimilar que han perdido las elecciones y que, por lo tanto, su papel ahora estará en la oposición mientras que a otros les corresponde gobernar. Lo curioso es que esta dificultad en el proceso de adaptación mental se registra también entre quienes parecían acostumbrados al papel de oposición. Da la impresión de que les resulta difícil asimilar que los suyos son ahora los que mandan. Ejemplos hay sobrados y las últimas semanas han sido pródigas, pero por ceñirnos a lo más próximo en el espacio, recordemos dos casos. El lanzador de peso Manuel Martínez accedió al cargo de concejal del Ayuntamiento de León bajo las siglas del PP, ganador de las elecciones municipales y a priori responsable de la gobernación de la ciudad. Los pactos, sin embargo, dejaron a los populares en el papel de oposición. Pues bien, Manuel Martínez no tardó mucho tiempo en renunciar al acta de concejal. Alegó que el equipo de gobierno, conformado por socialistas y leonesistas, no hacía caso alguno al programa que el atleta defendía y que, consecuentemente, allí, en el Ayuntamiento, estaba de sobra. Comportamientos rechinantes los ha tenido también prohombres del PP nacional, incluido José María Aznar, que no acaba de encajar la derrota y que anda por ahí enfebrecido buscando y ofreciendo explicaciones que ya a nadie más interesan. En el lado opuesto nos encontramos a un cualificado representante del PSOE, Angel Villalba. El pasado lunes anunció que se dirigirá al futuro ministro de Defensa para pedirle que desmantele el campo de tiro del Teleno. La reinvidicación ha sorprendido a significados militantes del PSOE leonés, incluso con responsabilidades orgánicas en el partido. Se afirma que no existe decisión colegiada al respecto, si bien Villalaba se refiere a su propio grupo parlamentario como padre de la idea. La práctica habitual enseña que los partidos de la oposición se dedican a incordiar con reivindicaciones molestas al grupo gobernante. Y, a su vez, es también práctica común que una vez adoptada una decisión favorable a un asunto, se presente en sociedad con una escenificación muy sencilla: se formula al ministro la pregunta sobre la respuesta que el Gobierno previamente desea dar. El procedimiento es sencillo, pero de gran eficacia. La noticia tiene mayor repercusión, que es de lo que se trata, porque la pregunta genera expectación y la respuesta aparece así con mayor contundencia, llega con mayor fuerza a la sociedad, a la vez que justifica de paso el sueldo del interpelante. Si atendemos a esta obviedad de procedimiento, cabe pensar que Angel Villalba ha pactado con José Bono el desmantelamiento del campo de tiro del Teleno. Ahora asistiremos a una prolongada escenificación que ha de concluir con la decisión solemnizada de impedir en el futuro las prácticas de tiro en los montes maragatos. De no ser así, el secretario regional de los socialistas de Castilla y León habría metido en un buen brete al Gobierno, obligado a dar una respuesta que frustra a una parte de la sociedad y divide también al partido. No hay que olvidar que se añade un problema: la hipótesis de que el funcionamiento del campo de maniobras militares vaya unido a la permanencia del Regimiento de Artillería en Astorga. En este supuesto, el PSOE se encontraría con el agravante de que el alcalde de Astorga, el socialista Alonso Perandones, se vería en la disyuntiva de justificar la decisión de su partido o de propiciar un nuevo e innecesario ángulo de discrepancia y enfrentamiento. Situación que se agrava también ante la petición que se hace desde Valencia para que el cuartel de Astorga sea trasladado, con el argumento de que en tierras levantinas es donde se concentra la fuerza artillera. Según Villalba, José Bono no ha esperado a la investidura para reclamar informes sobre el campo de tiro de la Maragatería. La expectación está servida. No ha tomado posesión del cargo y el todavía presidente de la Junta de Castilla-La Mancha ya tiene una patata caliente en la mesa de su futuro despacho ministerial. Con compañeros así, a Bono tampoco le harán falta muchos enemigos. Quien tampoco está nada contento es Juan José Lucas, el que fue presidente de la Junta de Castilla y León y en los últimos tiempos, presidente del Senado. Era uno de los pocos que cabía considerar como salvado de la quema electoral. Debido al reparto territorial igualitario y no proporcional al número de habitantes, el PP rozó la mayoría absoluta en la Cámara Alta. Todo hacía indicar, por lo tanto, que conservaría la Presidencia y, consecuentemente, que en el cargo se mantendría Juan José Lucas. Pero no ha sido así. El PP se negó a pactar con el resto de los grupos políticos la representación en la Mesa de las Cortes. Zaplana, con ese ramalazo de chulería que desprende, se manifestó orgulloso de haber quedado fuera del acuerdo, porque de esa forma -dijo- ha quedado más claro que el partido de referencia de la oposición es el PP. Y nadie más. A Juan José Lucas le ha parecido muy mal esta forma de proceder y le ha parecido peor que nadie le haya consultado previamente. Así que se negó a presentar su candidatura a una presidencia que de antemano estaba perdida y que le hubiera dejado en el ostracismo de la zona común de los escaños. Ha preferido optar directamente a la vicepresidencia segunda, que estaba garantizada. El presidente Herrera, no obstante, ha calificado de contradictorio el comportamiento del PSOE, partido que ha defendido hasta ahora que los grupos con mayor representación han de ser los que ocupen las responsabilidades de gobierno en los diferentes ámbitos. Los socialistas responden que se trata de un acuerdo global que afecta a dos cámaras de representación diferentes, pero con el denominador común de un proceso electoral único y con mayoría de votos otorgados al PSOE. En el ámbito más doméstico, la UPL se enfrenta también en un futuro próximo a la necesidad de redefinir su papel en la sociedad leonesa. Poco a poco surgen las discrepancias, las voces críticas como consecuencia de la pérdida de 27.000 votos en las pasadas elecciones, aunque también cabe ser interpretado este resultado como cesión temporal debido al llamado efecto del voto últil. Y ahí está también el riesgo: si el voto útil para León es Zapatero, ¿qué traducción puede tener esta situación sobre el electorado en las próximas elecciones municipales y autonómicas, teóricamente todavía con un leonés en la presidencia del Gobierno? Parece evidente que en ese supuesto, el equipo socialista municipal tiene recorrido de crecimiento, mientras que el PP, a tenor de los últimos resultados, dispone de un suelo firme y, consecuentemente, no va a retroceder. La situación menos nítida la ofrece, por tanto, el partido leonesista, que ha de econtrar en este tiempo un mensaje reivindicativo y al mismo tiempo ceíble ante la sociedad. Se abre un tiempo de análisis y discusión en torno al leonesismo que resultará apasionante.