EL BALCÓN DEL PUEBLO
El abuelo y el nieto
ME QUEDO con el final. El nieto del capitán Lozano, José Luis Rodríguez Zapatero, hizo público su credo político, el mismo de su abuelo, inmortalizado en la placa del monumento erigido en el Alto de Aralla. Su abuelo pidió que, si un día fuera posible, se vindicara su buen nombre. Ya lo estaba gracias a un grupo de soñadores. Pero ayer, desde la tribuna del Congreso de los Diputados, su nieto elevó la vindicación a la dignidad de rezo, de liturgia. Repitió las palabras de su abuelo cuando estaba en la antesala de la agonía. Mi credo lo constituye «un ansia de paz infinita, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes». En la tribuna de invitados su padre, Juan Rodríguez Lozano, sucumbió a la emoción: sus ojos fueron como cristales líquidos. Más de seis décadas de dolor contenido, de pasión, quedaban atrás. El nieto, definitivamente, había vindicado el buen nombre del abuelo: republicano, digno, respetuoso y tolerante. Pero vayamos al acto de investidura. Hemos visto y oido un debate muy distinto a los dos anteriores en que José Mª Aznar se postulaba a la presidencia del Gobierno. Muy distinto porque ayer sí hubo contenido del candidato, marcando una línea política. En su hora y pico de exposición se dedicó a defender la ideas y expresarlas rerpetuosamente. No descalificó al adversario. Una técnica que casi se nos había olvidado. Por destacar lo esencial de la intervención de Rodríguez Zapatero: se comprometió a favorecer la reforma limitada de la Constitución: del Senado y de la sucesión de la Corona. Fue claro al referirse a la reforma de los Estatutos de Autonomía. Tendrán -dijo- como límite la Constitución y se exigirá amplio conseso. No conduió la alarma al rotundizar que se mantendrá el Pacto Antiterrorista entre populares y socialistas, y se abre para los demás a través de la comisión de secretos oficiales. Como ejes engrasados de su programa también anunció otros de importancia como la derogación del PHN, noqueando al trasvase del Ebro, pero aceptando el resto del proyecto. No parpadeó en la certeza de paralizar la Ley de Educación, de implartar la ley integral contra la violencia de género, o mantener la fecha del 30-J como límite para el regreso de las tropas españolas de Irak, salvo resolución de la ONU. A cualquier observador le quedó claro que Rodríguez Zapatero quiere sacar a España de la foto de las Azores. Como último apunte de su discurso se me antoja esta síntesis: diálogo y regeneración democrática. Pluralismo y transparemcia. Es decir: se acabó el monólogo. Ya no habrá un Gobierno que riña a la oposición, como hacía por sistema José Mª Aznar. Hoy José Luis Rodríguez Zapatero, por mayoría absoluta de la cámara, será elegido presidente del Gobierno. Su abuelo, militar republicano, estaría orgulloso del momento. Su testamento es el mismo que voceó ayer su nieto.