EN BLANCO
Normalización
SE CAMINA rápidamente hacia la normalización política y democrática, sin más obstáculos que el radicalismo verbal de ciertos dirigentes del PP, que todavía no han logrado desembarazarse del estilo contagiado o heredado de su anterior líder. Esta ya no es la España de la crispación, del insulto y de la manipulación, por mucho que algunos se empecinen en prorrogarla. Los esfuerzos del nuevo Gobierno van por otro lado que interesa mucho más a los españoles. Sobre todo, por el lado de la normalización. El jefe del Gobierno homenajea a nuestros soldados recién regresados de Irak, porque ellos no tienen ninguna culpa de la confrontación política interior derivada de las diversas posiciones sobre la guerra de Irak. Y viaja a Berlín y París para escenificar el retorno de España al núcleo central de la construcción europea, que no es otro que el eje franco-alemán, en el que nos reintegramos. Un eje del que nunca debimos salirnos para entrar en aventuras unilateralistas cuyos resultados a la vista están. Otro flanco de normalización lo constituye el inicio de las visitas del ministro de Administraciones Públicas a los presidentes de todas las Comunidades Autónomas. El encuentro de Jordi Sevilla con el lehendakari lo simboliza. Después de muchos años de desencuentro y de falta de relaciones institucionales, este encuentro supone la rectificación de una política torpe de cara al País Vasco. También es encajable en el camino de la normalización política el diálogo de la ministra de Medio Ambiente con los presidentes de Valencia y de Murcia, cualesquiera que sean los resultados iniciales concretos en lo tocante a la decisión del Gobierno de sustituir el trasvase por otros planes alternativos. Hablando se entiende la gente, como dice el Rey don Juan Carlos.