Diario de León

CRÓNICAS BERCIANAS

Ciudad amante del pimiento picante

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EL VINO de la gala de los Micrófonos de Oro de este año no es que fuera, ni de lejos, el mejor de los que estos días se elaboran -casi se diseñan- en la comarca. Pero hay que reconocer que a más de uno le debió complacer, porque de lo contrario no se acierta a comprender la de discursos «chorras» que hay que aguantar a costa del futuro del Bierzo y muy en particular de su capital. Los hay que siguen empeñados en que Ponferrada se construya un rutilante y carísimo palacio de congresos para acoger, una vez al año, la ceremonia de los premios y la, por cierto, afortunadísima programación de conferencias y espacios radifónicos en directo. Porque, ya me dirán, ¿qué otros acontecimientos de cierta magnitud podría albergar? Están también, los que piensan que porque Isidoro Álvarez acuda fielmente a la llamada de Luis del Olmo, la alta dirección de El Corte Inglés está evaluando seriamente en levantar unos grandes almacenes en los más florido de La Rosaleda. Y luego aún aterriza Enrique Ponce, un tanto aturdido por el rugido de los motores de su jet particular o tal vez por los efectos del cambio de hora entre Zaragoza y el Toralín, y se pregunta cuándo va a disponer esta ciudad de un coso para poder torear seis astados mano a mano con el Niño de Oencia. Lo dicho ¿o es el alpiste, o es que la llegada de Zapatero a la poltrona ha generado una inflación de optimismo que a muchos les lleva a perder la cabeza? Porque además de las variopintas ensoñaciones que provoca la asistencia a la gala entre la alta sociedad local y los políticos comarcanos, no hay que perder tampoco de vista la inédita gama de voluntariosas alternativas que por fin se nos presenta a los ponferradinos para elegir. El Ayuntamiento está dispuesto a colaborar hasta la extenuación para que Ponferrada se convierta en la Ciudad de la Radio. El Ayuntamiento, el Consejo del Bierzo y hasta la Universidad consideran que Ponferrada también puede ser conocida como la Ciudad del Cine, y todos los mentados, con ZP en andas, ruegan por la mutación de la que un día fuera Ciudad del Dólar en prometedora Ciudad de la Energía. ¿Quién da más? Y no es que uno sea asaz escéptico, pero hay un refrán que dice que quien mucho abarca poco aprieta, y temo que eso es lo que ya lleva demasiado tiempo ocurriéndonos a los bercianos. Que nos prometieron que Las Médulas además de ser Patrimonio de la Humanidad iban a ser patrimonio de los turistas, y éstos no acaban de aparecer o huyen despavoridos nada más pisar el Mirador de Orellán sin dejarse un cuarto de euro. Que nos dijeron que con las ayudas empresariales a la diversificación carbonera ésto iba a ser como Sillicon Valley, y que sigue siendo el valle del Sil escasamente depurado... Y no prosigo. No deseo ser agorero. Ojalá pronto la única vitola de la que presumir no sea aquella que forraba orgullosa los 850 de los abuelos. Aquella pegatina que saludaba circunspecta: «Ponferrada: Ciudad amante, del pimiento picante». ¿O tal vez sí?... La próxima gala que retiren el vino y que pongan cava. Por si hubiera que brindar.

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