Diario de León
Ana Gaitero
León

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UNA LARGA década de retraso y la impronta errática de la arquitectura presuntamente contemporánea marcan el reinicio de las obras de restauración de la ferrería de San Blas, en Sabero. Pero ¿alguien sabe lo que se pretende hacer en este conjunto de edificaciones declaradas Bien de Interés Cultural en 1991? El Museo Regional de la Minería se vendió a bombo y platillo cuando aquello de la reconversión. No sé si alguien recuerda que en diciembre de 1991 cerraban las minas de carbón que Hulleras de Sabero y Anexas explotó desde finales del siglo XIX. Que 700 trabajadores quedaron en la calle, prejubilados o en busca de un nuevo tajo en otras minas, y que el valle empezó a ver declinar sus padrones de habitantes hasta casi la extenuación demográfica. La investigación arqueológica, entretanto, confirmó que la ferrería no sólo tuvo los primeros altos hornos de España, sino la existencia de los hornos de reverbero típicos de las fábricas de hierro a la inglesa. Para forjar la bola de metal en estos hornos se utilizaban unas varillas o hurgones, pues el metal no tocaba el carbón y recibía el calor reflejado en las paredes del horno. Hurgar en la historia de la nave basilical y los restos del alto horno, el Huevo, es llegar a las raíces de la siderurgia en España. Pero la Junta de Castilla y León sigue empecinada en el proyecto de museo minero ignorando por completo la función genuina de las edificaciones donde pretende instalarlo. Ignorando, además, el valor de la antigua sala de máquinas. Compromisos como éste deben ser a los que se refería Isabel Carrasco -ella es una de las madrinas del proyecto- con respecto a la provincia de León. Al conjunto minero metalúrgico (los castilletes de los pozos verticales amenazan con deshacerse comidos por el óxido y el olvido) le faltan «hurgones» políticos con habilidad y sabiduría (no sólo de imagen vive la Cultura, doña Silvia Clemente) para forjar un auténtico destino para la Ferrería de San Blas.

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