Diario de León

LA VELETA

Rumsfeld y su «soberbio» trabajo

Publicado por
CARLOS CARNICERO
León

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PARA ganar una guerra, la primera condición es definir los objetivos. En la de Irak todo es equívoco, o mejor dicho, todo está equivocado. La insurrección popular llega al paroxismo de que se pasan al enemigo los iraquíes nombrados responsables por los propios norteamericanos, es decir, aquellos en quienes tenían depositada su confianza como colaboracionistas. Pretender que la guerra de Irak es una cruzada contra el terrorismo es condenarnos a la derrota porque tantos terroristas y tan activos como son los que compondrían la resistencia iraquí haría de este problema una amenaza insoportable. La legitimidad de esta guerra, si es que podía tener alguna, se ha esfumado con las fotos de las torturas y, sobre todo, con las explicaciones posteriores. Los padres de la doctrina de que los sospechosos de terrorismo no tienen derechos no pueden invocar ignorancia de lo que estaba ocurriendo en las cárceles de Irak o en la de Guantánamo. La propia existencia de las fotos de la tortura es una evidencia de que quienes la practicaban estaban orgullosos de estos hechos hasta el punto de posar realizándolos. La sorpresa de estos soldados es que ahora se les recrimine por las tareas que se les encargaron: las de «ablandar» la resistencia de los prisioneros. Si George W. Bush está orgulloso del «soberbio» trabajo de Donald Rumsfeld, el presidente de los Estados Unidos no ha hecho sino confirmar las tesis de José Luis Rodríguez Zapatero de salir de Irak cuanto antes desde el convencimiento de que ya no hay forma humana de que la locura de la guerra de Irak pueda terminar de una forma razonable. Estamos en manos de unos dirigentes del mundo que nos pueden llevar a cualquier catástrofe. De momento, con una dedicación encomiable, están cargando de odio el hemisferio del mundo musulmán en donde más de mil millones de personas se están viendo retratadas en las fotos de seres humanos desnudos e indefensos, arrastrados por una soga amarrada en el cuello. ¿Alguien se imagina la reacción de George W. Bush ante la imagen de un soldado norteamericano arrastrado desnudo por sus carceleros en cualquier lugar del mundo?

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