Diario de León
Publicado por
ÁNGEL ALONSO ÁLVAREZ DIRECTOR DE LA ESCUELA DE INGENIERÍA INDUSTRIAL E INFORMÁTICA
León

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ESTAMOS estos días en la Universidad de León inmersos en las elecciones a rector. Compruebo que hay debate. Es buena señal. Es una señal de responsabilidad. El debate lo considero fundamental para que la Universidad salga beneficiada del proceso. También me parece positivo que el debate se esté centrando más en el terreno de las ideas que en el de las personas, casi siempre impregnado de estereotipos, prejuicios y crispación. Este ambiente me anima a participar con una reflexión que entiendo puede ser enriquecedora. Todas las estructuras biológicas, individuales o colectivas, que se marquen unos objetivos a cumplir necesitan un mecanismo de control para corregir desviaciones. La necesidad de un control está mayoritariamente aceptada y doy por supuesto que eso también afecta a la Universidad. Mi reflexión se dirige a cómo realizar ese control. A mi juicio hay tres formas posibles: La primera consiste en asignarle la tarea a personas, comités de vigilancia y normativa rígida. Es un modelo antiguo cuyos efectos negativos son bien conocidos. Entre ellos cabe citar los siguientes. Genera una burocratización realmente asfixiante. Favorece la picaresca de escamoteo. Suele producir corrupción en los encargados de vigilar. La acción correctora de este modelo se produce como consecuencia del miedo que produce la posible sanción del vigilante. La segunda opción es un modelo emergente. Me refiero a la transparencia. Actualmente se habla mucho de él, pero se ve poco. En este modelo todos nos vigilamos a todos porque todo debiera estar visible. Sin embargo para que esto sea de verdad operativo se necesitan introducir eficientemente las tecnologías de Internet en la Universidad. Es preciso gestionar la Universidad desde la red. Si esto no es así se podrá hablar de transparencia pero será una quimera. La transparencia real genera confianza y credibilidad. Esta opción también se basa en el miedo que produce ser descubierto cometiendo una infracción. Sin embargo tiene las ventajas de reducir la burocracia y de no propiciar la corrupción del vigilante, ya que nadie tiene la exclusiva de vigilar, vigilamos todos. El tercer modelo se basa en el ejercicio de la responsabilidad individual. Cada individuo se convierte en su propio vigilante. Aquí el miedo no juega ningún papel. El mecanismo de control viene determinado por la ética individual. La principal ventaja de este modelo es que las personas aportan a la consecución de los objetivos no solo los elementos visibles, y por tanto fiscalizables, sino también los que no se ven (actitud positiva, buena voluntad, nobleza, etcétera). Estos elementos al no ser visibles no se pueden controlar mediante los otros dos modelos, con ellos no hay garantía de conseguirlos. Por eso este es más evolucionado y cuando funciona genera resultados muy positivos. Consigue sacar lo mejor de las personas. Produce ambientes de trabajo muy confortables y muy eficientes. El gran inconveniente de este modelo es que solo es posible con personas que posean niveles de ética notables. Además requiere dosis amplias de libertad y por tanto pueden producirse abusos. Sin embargo, en contra de lo que pudiera parecer, mi dilatada experiencia en la dirección de la Escuela de Ingenierías Industrial e Informática me ha demostrado que si se generan unas condiciones propicias se obtienen resultados muy satisfactorios. Los comportamientos éticos como cualquier otro valor se pueden cultivar y mejorar de forma continua. Entiendo que si la Universidad de León aspira a ser modelo para la sociedad, debe mejorar no sólo en ciencia, tecnología y cultura, sino también en sus comportamientos éticos. Sería, a mi juicio, una aportación ciertamente relevante en la implantación continuada de valores dentro del tejido social. Una aportación que la sociedad tiene derecho a pedirnos. Para conseguir lo anterior tenemos la suerte de que en estos momentos la tecnología disponible nos puede ayudar. Pero la tecnología por si sola no es ni buena ni mala. Es el uso adecuado de esa tecnología lo que marca la diferencia. Todos podemos contribuir a que se desarrollen unas condiciones favorables que permitan usar la tecnología para incrementar la transparencia. La transparencia interna nos dará tranquilidad y la transparencia externa nos traerá credibilidad y autoestima.

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