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JUAN F. PÉREZ CHENCHO
León

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LA FOTOGRAFÍA publicada el miércoles en primera página, a tres columnas, por Diario de León es como una metáfora de la situación política leonesa: un gran topo de acero que empieza a salir debajo de la tierra y lo hace ondeando al viento las banderas de España y de Léon. Trabajadores y directivos de la cementera Tudela Veguín festejaron el acontecimiento. Fue como poner el ramo al edificio empresarial. El túnel de kilómetro y medio que atraviesa La Robla, completará la galería de goma transbordadora de la piedra desde Llanos de Alba a los hornos y trituradoras de la factoría. Una inversión que superará los 25.000 millones de las antiguas pesetas. En euros, ni lo sé. Hagan ustedes los cálculos. Una inversión que fija población, crea empleo y despeja la negrura de un futuro incierto. Y que no ha contado con despieces ecologistas. Por si faltaban argumentos, también reproduce este periódico el estudio del Instituto Klein, dependiente de la Universidad Autónoma de Madrid, rotundizando que la mitad de los leoneses en edad de trabajar están fuera del mercado laboral. Explica que León ha llegado a esta situación al presentar durante los últimos años tasas de natalidad bajas o medias y altos niveles de emigración en relación a un insuficiente flujo de inmigrantes. El chequeo no es nuevo. Tampoco sorprendente. Pero sí viene a confirmar que una de dos: O se le pone remedio, o el declive poblacional de León seguirá deslizándose por el tobogán de lo irrecuperable. Ese declive poblacional es fiel reflejo del declive económico, no de ardores y pasiones en la cama. En León, y también en Zamora y Salamanca, hay depositadas muchas esperanzas en el prometido Plan para la Zona Oeste de la comunidad autónoma. Parece ser que la puesta en marcha tiene que coincidir con el revitalizado debate sobre la autonomía. Lo que importa detectar ahora, mientras se espera que anuncien los fondos específicos, es que no ocurra lo mismo que con los procedentes del Miner por la reconversión minera. Como es sabido, no fueron adicionales, es decir, a mayores del presupuesto ordinario de la Junta de Castilla y León, sino que el Ejecutivo regional los incluyó en la caja general y, finalmente, se han visto diluidos en los Presupuestos Generales de la Comunidad. Para evitar que se repita la historia, debe advertirse de antemano: Tomen las medidas correspondientes para impedirlo. Rectificar no digo que sea de sabios, pero ayuda a dignificar la condición política. Yo sentí una emoción especial el pasado viernes, en la rueda de prensa del Consejo de Ministros, cuando la vicepresidenta y portavoz, Teresa Fernández de la Vega, pidió perdón por un error menor. La misma emoción que me produjo la decisión de Mariano Rajoy, responsable del PP. Haciendo caso omiso de su «número dos», el ex-ministro Ángel Acebes, capitán de los «aznaroides», y desconsiderando al otro infliltrado, el portavoz parlamentario azul, Eduardo Zaplana, decidió la continuidad del Pacto Antiterrorista. Ese es el buen camino. Mariano Rajoy, quizá, comenzó ayer a colocar el ramo sobre el tejado del PP.

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