EN EL FILO
A nuevo talante, nueva tregua
JOSEBA AZCÁRRAGA, consejero de Justicia del Gobierno vasco, anunció el viernes en Madrid, de forma muy sutil y con todo tipo de reservas, la posibilidad de una tregua de ETA. Habida cuenta de que no es el portavoz de la banda, el dirigente de EA no podría haber ido más lejos. Ha dicho todo lo que tenía que decir. Ha cumplido con la misión de lanzar el mensaje a las fuerzas políticas nacionales y, de forma muy especial, a los periodistas, a fin de crear un estado de opinión en torno a la cuestión. Y ¿en qué puede consistir para los nacionalistas vascos una buena disposición por parte de la ciudadanía y de los partidos nacionales? En estar abiertos a un cierto tipo de negociación, esto es, a algún tipo de concesión o compensación a cambio de convertir en definitiva una tregua indefinida. Obviamente, Joseba Azcárraga hizo de mensajero de ETA el viernes, en Madrid, de forma interesada. Los nacionalistas vascos, todos, necesitan que el Gobierno socialista vaya interiorizando el hecho de que un día u otro terminará por encontrarse con el anuncio de la tregua, esta vez ya sin intermediarios. Para los proyectos soberanistas del PNV y de forma muy concreta para el triunfo de las tesis implícitas en el 'plan Ibarretxe', la tregua de ETA supondría la eliminación de una serie de dificultades hoy por hoy insuperables. De hecho, el 'lehendakari' ha retrasado el debate en torno al 'plan Ibarretxe' para que el Gobierno pueda hacer sus propias propuestas sobre el nuevo estatuto vasco. En este contexto de distensión, la dirección del PNV está convencida de que la tregua de ETA le allanará el entendimiento con el gobierno socialista al tiempo que, con ello, conseguiría un fin aceptable para la organización terrorista. Porque para el PNV, la entrega de las armas por parte de ETA (por hablar en los términos convencionales) habría de hacerse en términos de solución convenida y no de derrota. Hace años insistía ya Arzalluz en este extremo. ¿Cuál podrá ser la actitud del Gobierno socialista y de la mayoría de la ciudadanía ante una propuesta de un fin de la violencia condicionado? En principio, hay que reconocer que en estos momentos no se dan las mismas circunstancias que rodearon la propuesta anterior. Las actitudes del Gobierno de Aznar y de Zapatero ante la posible solución del terrorismo tienen muy poco que ver. El Pacto por las Libertades no significa nada en este sentido. Si en la ocasión anterior Jaime Mayor pudo convencer a la mayoría de la sociedad de que la tregua era una trampa, ahora el ministro Alonso se mostraría receptivo a ella. El «talante» del Gobierno es ciertamente distinto también en esta cuestión. Su enfermiza propensión a la negociación se extiende a este campo. Por otra parte, también ha cambiado la sociedad. La masacre del 11 de marzo ha llevado a la sociedad española a un estado de resignación muy notable. Así que todo parece anunciar que el Gobierno y una gran parte de la ciudadanía se mostrarían, ahora, dispuestos a pagar un precio alto por la paz. El fin de la violencia bien vale un poco más de soberanismo, de federalismo o confederalismo si todo, al final, va a poder expresarse en un nuevo Senado, cámara de los territorios, parte sustantiva del Estado.